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Reportaje | cristian reino

El sexo nunca morirá en Bagdad

La mítica sala catalana de porno en vivo cumple 35 años en los que se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos en Barcelona

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Vaginas mágicas, penes que disparan flechas, enanos, serpientes que se sumergen en lugares prohibidos, porno, erotismo... Barcelona es conocida mundialmente por la Sagrada Familia, por la Pedrera y, por qué no decirlo, también por la sala Bagdad, decana y uno de los templos del porno en vivo en nuestro país.

Icono de la España de charanga y pandereta de los años 50 y 60, mientras el dictador agonizaba en la cama de un hospital, el Bagdad se transformó en una sala de espectáculos de variedades, convirtiéndose en un lugar mítico y clave para entender los cambios de mentalidad que se produjeron en la sociedad a partir de la muerte de Franco.

Desde entonces, por su escenario, situado en pleno barrio chino, donde prostitutas, chaperos, travestis y yonkis hicieron del viejo Raval un pequeño Hamburgo, ha pasado lo más granado del porno mundial, como Rocco Siffredi o la Cicciolina.

Su éxito reside en que la gente salga «impresionada». Y de esta forma y no de otra abandonaban los clientes el local tras ver a Kumar, fakir que trabajó durante 14 años en el Bagdad y que en su actuación se colgaba en su pene una campana de 30 kilos. «Para conseguirlo se atravesaba el pene con un estilete y se colgaba la campana», apunta Juani.

Otro de los más recordados es Holly One, un hombre que medía un metro de altura y al que le apodaban tres piernas (no es preciso explicar por qué). «Actuaba siempre con chicas impresionantes, pero siempre exigía que midieran más de 1,75 metros», señala De Lucía.

Baby Pin Up es una de las míticas que sigue hoy en día sorprendiendo por sus curiosidades. Acróbata vaginal, se saca de su órgano sexual 150 metros de perlas, 200 metros de banderas, enciende bombillas y expulsa agua con su vagina. «Tiene una vulva mágica, vamos como un Corte Inglés en pequeño, hasta escribe, firma autógrafos y dibuja con ella», dice Juani.

Según añade, otras de las claves del éxito del Bagdad se encuentra en la interactividad. «Solicitamos muy a menudo la colaboración del público», mantiene.

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