Cornada de lobo | pedro trapiello
Botones zurdos
Es todo un enigma y una paradoja en la justa y batallada igualación de los sexos: los botones de las prendas femeninas siguen abrochándose al contrario de las masculinas, esto es: botón derecho para los pavos y botón izquierdo para las titis, mira tú qué forma más boba de complicar la cosa y a la industria textil.
Curiosamente, ningún feminismo puro ni rudo ha querido plantearse esta descarada discriminación, ni mucho menos la lógica abolición de esta norma ridícula que establece toda una barrera diferencial, más aún cuando este distinguirse en los botones no tiene sentido práctico ninguno, no vale para nada y obliga además por decreto a toda mujer diestra a ser zurda al abrocharse. Sin embargo, si alguien propusiera un abotonado unisex, tendríamos problemón gordo y el encoñado debate subsiguiente en estos casos: ¿se abotonarían los hombres como las mujeres o vicelaberza?, ¿quién tendría que ceder? y ¿por qué?
Creo, pues, que durante un tiempo largo, muy largo, los botones seguirán teniendo su sexo muy visiblemente diferenciado. ¿Y qué se dice por ahí del sexo de los ojales?...
Parece que la norma nació confirmando los viejos servilismos impuestos a la mujer (por otra mujer en este caso, ríete), pues empezaron a situarse los botones a la izquierda en prendas femeninas cuando las señoras eran vestidas por sus criadas, que así seguían teniéndolos a su derecha facilitando su tarea ante las prisas airadas de la doña. Ocurría lo mismo en el traje talar de algunas dignidades eclesiásticas a los que ayudaba a vestirse un ayuda de cámara (y al párroco, la sobrina), sotanas de cardenal o preste, botones de arriba a abajo, aunque alguno dirá que los botones de los curas, como los ángeles, no tienen sexo. Ya.
También los pañuelos son distintos. ¿Acaso son ropa interior? Pues persiste la diferencia, pese al clínex que ya manda en todo moco: pañuelo de bolsillo para los caballeros y pañuelito de guardar en la bocamanga para las caballeras, ¡hay que joderse! ¿No tienen ambos las mismas narices? Es más, ellas lloran (y mucho), ellos no, así que necesitarían más tela en su moquero, pero ocurre justo lo contrario. No entiendo a los pañuelos ni a los botones.