El paisanaje | antonio núñez
Houston, tenemos un problema
Esta llamada de socorro a la Nasa fue enviada el otro lunes desde La Virgen del Camino, no desde el Apolo 13 , y por el alcalde de León, Paco Fernández, no por el astronauta Jack Swigert, al disparársele al primero todas las alarmas y percatarse de que Zapatero había inaugurado un aeropuerto que es la luna en verso, pero no hay con qué mantenerlo en órbita: siete mil metros cuadrados de terminal, capacidad para un millón de pasajeros (el año pasado no volaron ni cien mil), ochenta millones de euros de inversión, a cinco mil duros de los de antes por habitante, incluidos los del Bierzo, reacios a remontar de su hoya y hacen bien, y una pista a la que con este clima sobra para que patine el Discovery . Una de dos: o, como dice Zapatero, «nos adelantamos al futuro», o, como pensamos algunos, él se ha pasado de frenada.
Aunque sea políticamente incorrecto, tal que dicen ahora, criticar las obras públicas en la provincia del paisano presidente, uno piensa que según y cuálas , Bibiana Aído. Ésta, por ejemplo, es una majadería ostentosa, lo mismo que el palacio de congresos recortable de la viejina azucarera Santa Elvira, el dichoso tranvía o la ampliación del Hostal de San Marcos más allá de las humedades donde cogió el reuma Quevedo. Aunque el desparpajo con que se manejan los dineros del común no es exclusivo del PSOE y ahí van un par de ejemplos del PP: el campo de fútbol que levantó el ex alcalde Amilivia en honor a su abuelo -”un estadio de primera para un equipo de tercera, donde acabarán jugando solteros contra casados y, si no, al tiempo-” o el Musac de la Junta, en el que hasta las escobillas de los lavabos pasan por arte neorrealista.
Ya tenemos aeropuerto a lo grande y ahora sólo faltan los aviones y los pasajeros. Sobre los primeros a ninguna compañía aérea se le ocurre nada productivo. Y sobre los segundos ofrecemos gratis desde aquí otra idea recurrente para la próxima vista de José Luis a su pueblo: con casi doscientos mil jubilados en la provincia, a dos viajes de jubiletas en el Imserso, ida y vuelta, asunto resuelto. Y el que no pueda embarcar en silla de ruedas o en camilla, que sea abducido. De nada, hombre.
Esto de las obras faraónicas sin ton ni son es lo que tiene. Luego, además, hay que conservarlas y ocuparlas con incontables funcionarios y burócratas, naturalmente del partido y por cuenta del Estado. Y en esas se nos va la austeridad de los recortes presupuestarios que tanto cabrean a Obama, Sarkozy y la Merkel. Coño, y a los del IRPF.
Cómo será la cosa que hasta el alcalde Paco Fernández ha disculpado a la presidenta de la Diputación -”el colmo-” poniéndole la venda antes de la herida a ambas instituciones y diciendo que lo lógico sería que el aeropuerto lo mantuviera la Junta, la cual ha contestado, a su vez, que no le queda suelto. Así que, rizando el rizo de la famosa película, despega como puedas.
Para inaugurar el otro día esta fantasmada por lo menos podían habernos ahorrado las fotos de tanta autoridad encorsetada en traje gris marengo. Y luego hablan de la trama del sastre Gurtel que viste al fallero Camps. El que menos lucía de guapo como un piloto de Iberia, los que van de azul marino. y se echó de menos, según los periódicos, que no apareciera por allí la presidenta de la Diputación, señora Carrasco, ataviada de azafata. Probablemente aún le queda algo de buen gusto.
Volviendo al SOS de Fernández, que, al parecer, no llegó a tiempo para la inauguración a causa del temporal en un aeropuerto tercermundista, hay que recordarle que el nuevo aeródomo de su jurisdicción no es «Barajas 2», como él lo bautizó para la prensa en loa de Zapatero, cuando por fin pisó tierra.
No, macho, a ver si para la próxima haces más méritos. Ni Barajas bis ni leches, porque ésta es una infraestructura que, si no se estrella cuando cambien el Ayuntamiento y el Gobierno, merece un bautismo mediático de más enjundia y altos vuelos.
Qué menos que Cabo Cañaveral.