Cornada de lobo | pedro trapiello
Ritmo y doctrina
El rap es música sin música que no necesita cantarse. Se berra, se recita o se dispara. La cantinela se limita a dar la chapa entre ritmos percusivos, repetitivos y embutidos con letras de hierro que se escupen con garganta oxidada, discurseando a lo crudo y como voceando con gran cabreo. ¿Por qué los raperos tienen que parecer siempre que están de mala hostia amenazando o galleando? ¿Se lo exige la peña... o la discográfica?
Toda época tiene su canción protesta; a toda generación le corresponde un morral de coplas envenenadas y algún himno subversivo. Las mandolinas y las trompetas también disparan. Los eunucos que tocaban el salterio en un harén guardaban para las esposas desairadas unas susurradas baladas donde se burlaban del sultán. Los juglares escondían bajo su jubón versos-ballesta. Los goliardos y tunos medievales protestaron con rimas de fino acero para eludir la estocada de frailes o tribunales. Y en las horas perdularias de toda taberna se cantaron desde siempre sinfónicos cagamentos en la corona o en la mitra. La protesta es lo único que le queda al que va jodido por decreto, por raza o por pensar distinto.
En N. York, una americana cuarentona, triunfal ejecutiva del grupo CNN y mujer de patrones conservadores, pero moderna de trazas, nos confesaba que le pirraba el rap y le ayudaba a soportar el agobiante tráficoy trasiego de aquella ciudad siempre preñada. Le dijimos que esas canciones parecen siempre la misma, pura matraca. Y ella, qué va, que no. Hay letras hondas, crudas o poéticas y el ritmo es divertido... vale... ¿por eso son ahora los raperos los más ricos del jaleo discográfico?... ¿y son la leche porque dan leche... o leches?
Tiene de bueno el rap que cualquiera puede con él. Se democratiza el micro y la tarima. Eso está bien. Hasta de Cistierna salen raperos. Sólo hay que echar al pareado arenga cuartelera y brocha en vitriolo, amén del uniforme que exige su teatro: sudadera, camisetón, gorra al bies, colgajos y pantalonada a medio culo. ¿Por qué hasta el marginal se obliga a usar uniforme?, ¿por ir de raro... o por militar?
La protesta de barrio también vende. Y el dólar del espectáculo lo sabe. Mira la Belén, qué belén.