Cornada de lobo | pedro trapiello
Bus de señoras
En Jerusalén circulan algunos autobuses donde sólo van paisanos, porque las paisanas tienen buses para ellas solas. Lo exigen así los judíos ultraortodoxos que se atienen escrupulosamente a esa ley hebraica que impregna en buena medida el ordenamiento jurídico del estado de Israel. Los sábados son allí como aquí los domingos obligatorios y quietos del franquismo cuando la guardia civil (a instancias del párroco; o no) podía multar al que pillaran trabajando o acarreando hierba en el día del Señor.
Sin ser un estado religioso, se diría que Israel casi lo es. Una mayoría confiesa su fe judía. Hasta los rudos militronchis de una brigada de acorazados detienen la marcha para rezar con todo ese aparato litúrgico del judaísmo lleno de paños, correas, cuernos, cabezales, cabezadas, salmos y quejumbre, o sea, lamentaciones. Medio Israel, sin embargo, ve algo de monserga en tanto escrúpulo y hasta se manifiesta contra leyes excesivamente meapilas, como la de adelantar este año una hora los relojes para que la última hora del ayuno del Yom Kipur coincidiera con el crepúsculo, tal y como dictan las arcaicas escrituras. Israel es un estado moderno, pero el judaísmo terco seguirá mandando a las mujeres a su autobús y seguiremos viendo cómo las esposas de los judíos con sombrero que se ven en Manhattan nunca van junto al marido, sino unos pasos delante.
No está sola la mujer islámica a la hora de verse jodida. En los paises donde manda algún dios no suelen salir bien equiparadas las mujeres. Mira el Tibet; y van de puros los budistas. Quizá es que la mayoría de los dioses son hombres y suelen manifestarse con la severidad de un anciano sesudo y las furias masculinas de quien se desata en maldiciones y muertes. Hay pocas diosas, Pacha Mama y dos más (una, malísima). El resto, varones. Y en cuanto a profetas, sumos sacerdotes, pontífices o imanes, otro tanto, todo paisanos.
En las mezquitas y sinagogas las mujeres van atrás o a un lado. Los lugares preferentes son para los varones. En nuestras iglesias de pueblo ocurría lo mismo, separación de bancos, pero al contrario de judíos y musulmanes, aquí las paisanas pasaban a preferencia y los paisanos atrás. ¿Deferencia? No, vagancia: que recen y canten ellas.