CORNADA DE LOBO
Suciedad
B ajo la foto que ilustra la noticia roba la mirada un titular que inquieta, «Suciedad en Madrid», coñó, todo un titular con ganas de alarma y muy de periodismo de trinchera o de periodista-corneta tan de ahora. Pobres madrileños, pensé, espero que no acaben como con la basura en Nápoles, tirándose la mierda a la cara con petardos y mucha Camorra. Mirando otra vez la foto, no me pareció observar en ella, sin embargo, la suciedad que se voceaba en el titular. Al contrario, era una foto bella, un primerísimo plano de unas cuantas hojas caídas en la acera, hojas de plátano de Londres , esas que casi se parecen a las de arce de la bandera canadiense; y al fondo, desdibujada, una calle muy madrileña de esas que son todas iguales. Las hojas eran guapas y juntaban en su pequeña montonera todos los colores de la otoñada, ocres, amarillos, castaños, verdes, cueros, rojizos... Leyendo el texto supe que se trataba de cierto malestar vecinal porque no se limpiaban las calles; en concreto, de hojas secas y muebles abandonados. Vaya.
Muebles y trastos no parecen propiamente suciedad, aunque estarán sucios sin duda, pero con ellos un cubano o un etíope serían reyes del mambo y del lujo. En cuanto a la hojas, mire usted, no joda, son sólo hojas, no porquería guarra, son la señal sagrada del ciclo de la vida y de las estaciones, son la alfombra mullida que el otoño le pone al suelo para que no pille catarro o melancolía con los primeros fríos, son la señal vital que nos recuerda el beso fecundo de la muerte. ¿Pero cómo se puede llamar suciedad a unas hojas en su esplendor otoñal y colorista?... déjenlas sin barrer algunos días para que cumplan al menos su misión, pues si de suciedad se trata, es muchísima más la que en esa misma calle rueda, pedorrea, escupe, muerde, avasalla, aturde o asfixia... y no se limpia.
Ay... hojas secas de parque o bulevar.... ¿recuerdas las algarabías de guaje pateando y potreando en aquellas montoneras de hojarasca de castaño pilongo en La Condesa?... hojas secas... eso lo resuelven hoy un jardinero listín y un concejal tocho podando árboles en verano... aquí ya se hace... y ahora sólo nos falta un periodista-corneta y nueve vecinos que no quieran ver en su acera tantísima «suciedad».