El tabaco y la ley
Opinión Florentino Diez Fernández
JEFE SECCIÓN NEUMOLOGÍA. Complejo Asistencia Universitario de León
SSe necesita una ley para regular el comercio y el consumo del tabaco en nuestro país?
La comunidad científica, los médicos, especialmente los neumólogos, y la sociedad en general, creen que sí es necesaria. En las últimas tres décadas se ha ido produciendo información y elaborando programas donde se advertía del grave riesgo que supone para la salud de los consumidores y de los expuestos pasivamente al humo del tabaco, pero está siendo muy costoso y está teniendo grandes dificultades el poder conseguir que este problema social disminuya o desaparezca.
Se sabe que el tabaco mata a 1.000 personas cada semana en España. A pesar de estas campañas divulgativas y educativas, la sociedad sigue desprotegida. Se entiende que es el médico el profesional sanitario que tiene el papel más importante en la prevención y en el diagnóstico y tratamiento del tabaquismo y sus efectos, y se sabe que a los fumadores se les debe considerar como enfermos crónicos, y en consecuencia hay que ofrecerles todo tipo de ayuda para dejar este hábito que produce una fuerte adicción con un alto grado de dependencia.
En los últimos 15 años, se ha estado esperando una ley que proteja a nuestra salud del humo ambiental del tabaco. Este paso, que se ha conseguido en otros países con niveles de transparencia democrática como son Noruega, Suecia, Finlandia, Irlanda, Reino Unido, Francia,-¦ Sin embargo, en algunos países como Bulgaria, Polonia o Chequia, han sufrido parálisis o retrocesos de la elaboración de una ley concisa y eficaz, y ello ha ocurrido por la intromisión de los sectores pro-tabaco, es decir, industrias tabacaleras y alguna asociación de consumidores.
En España, también están apareciendo medidas interesadas de las tabacaleras para que nuestra actual propuesta de ley en marcha, contemple excepciones en forma de enmiendas y moratorias, que no provienen de los temores de la hostelería, sino de la manipulación de las multinacionales para promover el incumplimiento e impedir cualquier intento de regulación efectiva.
La actual ley en proceso supondrá un avance respecto a la existente, pero hay que reconocer que deja cinco aspectos importantes, como son la no regulación de la publicidad indirecta, el no control de los precios, el permitir el consumo en las habitaciones de hoteles, el facilitar más lugares de venta y el no contemplar medidas sanitarias de ayuda a los fumadores. No debemos aceptar estas enmiendas que plantean la existencia de cubículos para fumar, porque esto ocasionará que todos los lugares de ocios no podrán ofrecer condiciones saludables. Hay que reconocer y recordarles a nuestros políticos y a los detractores de la ley que el 70% de la población española es no fumadora, y esta población apoya la existencia de espacios libres de humo sin excepciones, así también piensa la mitad de la población fumadora que desea dejar de fumar, queriendo encontrar lugares de ocio favorables para conseguir dejar su hábito. En total solo queda un 15% de la población que son fumadores activos y que persisten en seguir su consumo. Es anecdótico, pero existe un club de fumadores por la tolerancia que están planteando batalla legal contra la tramitación de esta nueva ley con argumentos de ser antidemocrática, antisolidaria, represora, intolerante, etc,-¦
Parece oportuno decir que no debemos aceptar este chantaje vestido de tolerancia que pretende someter a un 85% de la población a las exigencias de una minoría fumadora.
Hay que recordar que los cataclismos anunciados para la hostelería, no tienen ningún argumento, ninguna base, los españoles no vamos a reducir la frecuentación de bares, restaurantes, etc, como tampoco se redujo el uso de aviones, trenes, autobuses, por no poder fumar en su interior.
Nuestros pulmones son una puerta abierta de nuestro organismo al exterior por la que entran unos 10.000 litros de aire al día, debemos exigir que este aire sea respirable y sano. La sociedad espera que nuestros políticos superen este test democrático, respaldando a la opinión pública mayoritaria que permita vivir en un ambiente saludable, y consiga disminuir la lacra sanitaria que supone el tener que convivir con este inoportuno compañero, el tabaco.