Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

El domingo siguiente a la Natividad del Señor se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Evidentemente el tema de la familia suscita inquietudes y esperanzas. La familia puede ser considerada como problema, pero también como promesa para la sociedad. La familia es patrimonio y profecía para toda la humanidad.

El evangelio que hoy se proclama (Mt 2, 13-15. 19-23) contiene dos frases que se colocan en la boca de un ángel que habla en sueños a José de Nazaret. Con la primera le impone el camino del exilio: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo».

El relato evangélico sugiere que la huida no siempre es vergonzosa. Es más, puede ser un signo de resistencia ante la arrogancia de los tiranos, una medida de prudencia, un riesgo que se asume con valor para defender la vida humana desvalida.

Con la segunda frase, el ángel señala a José que ha llegado la hora del regreso a la patria: «Levántate, toma al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Aunque traten de eternizarse en el poder, los poderosos no tienen asegurado su tiempo y su destino. La vida más débil es más fuerte que el poder de los tiranos. Evidentemente, Dios dirige los tiempos de la historia. La familia humana es signo de salvación y de gracia.

José de Nazaret representa la escucha de la palabra de Dios y la responsabilidad de quien vela por la familia, su vida y su seguridad. José se sabe responsable de la vida del Salvador y de la salvación del mundo.

El día 7 de noviembre de 2010, en el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona, decía Benedicto XVI que «el hogar formado por Jesús, María y José siempre ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo». Recordaba además el Papa las cuatro medidas que la Iglesia propone a la sociedad en defensa del matrimonio y de la familia:

-”que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización;

-”que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado;

-”que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción;

-”que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente.

Esos derechos de la familia no depende de la decisión de los gobiernos. Brotan de la misma dignidad de la persona y de la familia. Sobre ellos se apoya la Iglesia cuando «se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar».

En esta fiesta de la familia de Nazaret, sería oportuno examinar las medidas sociales y políticas a favor de la familia. Pero también sería bueno revisar la estima que ésta nos merece a todos y a cada uno de nosotros. De la suerte de la familia depende la humanidad entera.

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