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PEDRO TRAPIELLO
León

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D irán lo que quieran exégetas y teólogos agudos, pero el verdadero héroe bíblico sin el cual no estaríamos nadie aquí fue Noé, pieza clave del plan divino revelado en la Biblia a los hebreos (el pueblo elegido, mira qué suerte; y los demás, cagarruta), Noé, un tipo más necesario que Moisés, David y todos los profetas juntos, Noé, el patriarca que por orden de Yahvé preservó el caudal genético de la raza humana y de todo bicho viviente metiendo en un arca a su familia y una pareja de cada especie, muchísima más fauna en bruto que hoy. Tuvo que ser complicado amontonarla tanto tiempo y en tan poco espacio.

El texto sagrado dice que fueron cuarenta días sin cesar de llover, un mes al pairo y cinco meses más encerrados allí hasta descender las aguas y avistarse tierra, mucho tiempo presos en un apretuje guarro y desquiciante. ¿Había paz entre las fieras? ¿Con qué despensa comieron? ¿Tenían retretes?...

Supone Sócrates V. que sólo se trataría de animales terrestres y aves, pues a los peces (o gaviotas y cormoranes) el Diluvio Universal tuvo que darles una risa floja y un subidón total al ver que su casa proveedora se agrandaba y les llegaba a la boca un opíparo festín sin precedentes, pues gracias a la brutal inundación, nadarían entre bosques o peñas merendándose, además de su dieta normal, la fabulosa cantidad de carne ahogada que engulleron los mares. Las pirañas, concretamente, organizaron un Te Deum gratias muy ruidoso, sincero y emocionante.

Así las cosas, de no haber sido por el Arca de Noé, hoy seríamos gente acuática, ranas, focas o chicharros (también hay tipos de estas carácterísticas). Noé, nieto de Matusalén, es más clave de lo que crees. Fue otro Adán, un segundo primer padre. A partir de él y su familia, Yahvé regeneró el linaje humano. El primero le salió mal, se había corrompido y adoraba al oro o al ángel caído. Lo maldijo y lo aniquiló. Hala.

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Noé, su mujer, sus tres hijos y sus respectivas esposas son, pues, nuestros verdaderos «primeros padres» (chao, Adán). Pero ¿quién podría creer que fuera pacífico y dichoso aquel invento cuando la mitad exacta de la empresa eran tres cuñadas y una suegra? ¿Estaba ciego Yahvé o lo hizo a propósito?