Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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L a foto mostraba esa puerta cuasiojival de breve escalinatata de la pequeña iglesia de San Francisco en Villafranca del Bierzo, la única que tiene el privilegio de otorgar el mismo perdón jubilar que Compostela a los que lleguen hasta este punto del Camino sin poder tirar más de sus huesos. Se clausuraba allí el año jacobeo con cierta pompa ceremoniosa, pues comparecían en escena un oficiante con capa pluvial de mucho vuelo y, haciendo pasillo de honor, dos hileras de mozas tiesas y tocadas de capisayos blancos con la cruz de Santiago estampada en grande, esa cruz que es a la vez espada (lagarto-lagarto, ¿cruz y espada?, ¿en qué evangelio se describe esa aberración que insulta la orden de Jesús de envainar el arma, porque quien a hierro mata, a hierro muere ?).

Las doncellas peripuestas de la foto, pipiolas jóvenes y algunas con cara de instituto, lucen esa cruz ostentosamente en la capa; tiene el tamaño de un puñal veneciano para que quede bien claro y se vea de lejos que son miembros (¿miembras?) de la Cofradía de Caballeros de Santiago y de Nuestra Señora de las Angustias ... ostí, ¿caballeros esas tías?... que venga alguien cagando tariles a hacerlas caballeras... caballero cuadra mal en una doncella, salvo que lleve un cetro entre las piernas.

A Sócrates le olió a falsario el paripé, a cofradía reinventada o desenterrada para vestirla de sedas y asomarse a fotos o desfiles, que es lo que mola y enfebrece últimamente, lo cofrade, el teatrillo religioso o costumbrista, o sea, el carnavalito y la falsificación. No daba crédito a sus ojos. Le pareció una desfachatez, una impostura y no dejó de hacerse cruces (es lo que pide el caso), aunque el Evangelio aconseje sacar un látigo y echar del templo a tanto mercader de copias baratas y tanta ostentación de fe hueca y teatrera.

Sócrates, que degeneró en descreído y pasa, piensa que no tiene fuero para meterse en asuntos parroquiales, pero le sublevan estas cosas tan falsillas y mundanas, así que cree que debería ser el párroco quien, por santa obligación, debería sacar la tralla y alejar de la casa de Dios a falsarios, tenderos y comediantes. Pero se ve, concluye Sócrates, que de la alforja hasta el jumento, todo es bueno pal convento .

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