Gente de aquí | Aprender con símbolos
Los primeros de la clase en exigir la paz
Los más pequeños de La Virgen del Camino soltaron cincuenta palomas, en un gesto por la no violencia
Un niño muestra el camino a una paloma para llegar a un cielo que parece más tranquilo que la tierra
Son los primeros de la clase. Los alumnos de la guardería de La Virgen del Camino, en concreto los de la guardería Cosas de Niños, adelantaron el Día de la Paz y ayer soltaron cincuenta palomas mensajeras, en un gesto para que cesen los conflictos en el mundo. Para acabar con esas escenas de las que se hacen eco los medios de comunicación tan habituales no sólo en escenarios de guerra, sino, también, muy cerca de nosotros. Mientras en los centros educativos se enseña a los niños a resolver sus diferencias de la manera más satisfactoria posible, cerca de ellos se cortan carreteras con neumáticos en llamas ante la falta de tranquilidad de unos trabajadores que ven peligrar sus puestos de trabajo, mientras en la televisión ayer mismo se ofrecían imágenes en los informativos de policías y trabajadores que se enfrentaban por la situación laboral.
El lunes, los escolares leoneses, al igual que muchos de tantos otros lugares, celebrarán el Día de la Paz, esa tranquilidad que, en muchas ocasiones, no saben darles los adultos. «El amor es mejor que el odio; la no violencia, mejor que la violencia; y la paz, mejor que la guerra» serán los principales lemas de una jornada en la que en los patios de los colegios los escolares formen palomas, suelten globos, piten sus manos de blanco... e incluso en la plaza de Regla, frente a la Catedral los peatones sean testigos de algunas de estas manifestaciones, en las que se recordarán figuras como las del Mahatma Gandhi. Entonces los niños conocerán que el líder indio tuvo que luchó por su pueblo sin recurrir a la violencia; que el último Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo no pudo viajar en diciembre a Oslo al impedírselo el Gobierno chino. Su delito: solicitar un sistema judicial independiente, libertad de asociación de religión y de prensa y la instauración de un régimen democrático. El manifiesto con estas peticiones le costó al pacifista 11 años de cárcel. Y es que la paz tiene un precio y no se paga con dinero.