Muy personal
En Chile, David ha encontrado una vida más tranquila que le permite sacar tiempo para hacer lo que más le gusta: cuidar de su jardín, de sus perros y hacer deporte. Su casa es la típica construcción del sur de Chile en la que la tejuela (pequeñas tejas de madera) es la protagonista. La ha hecho a su medida y ha dejado un espacio especial para una de sus pasiones: los bonsáis. En estos años en Sudamérica ha reunido más de una veintena a los que proporciona todo tipo de cuidados.
Sus tres perros también le quitan tiempo, pero lo hace con gusto. Además de guardianes de la casa en una zona en la que vivir apartado de la civilización tiene sus peligros, Kan, Aiko y Chachá forman una parte importante de su `familia´ chilena.
«Aquí he conseguido hacer realidad un sueño. Vivir en una casa con jardín, en pleno contacto con la naturaleza y con espacio suficiente para mis perros», explica.
El deporte es otra de sus aficiones, en especial el kárate y el aikido.
En Puerto Varas las distancias son cortas y de su casa al trabajo apenas tarda quince minutos en atravesar este pueblo costero que durante el verano —en los meses de diciembre, enero y febrero— se llena de gente con ganas de desconectar.