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PEDRO TRAPIELLO
León

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C omienza el guión: en un valle alemán de monte, bosque y pradería están santa Úrsula y las once mil vírgenes que van con ella... el feroz ejército de Atila ha cercado a la multitud de doncellas como si fueran un gigantesco hato de ganado... las vírgenes, lógicamente, llevan ropa blanca para que quede clara (y de cine) su pureza... el mismísimo caudillo de los hunos repara en la princesa Úrsula (que en latín significa pequeña osa , osita) y sin apearse del caballo, la requiebra, intenta seducirla... ella rehúsa... insiste el bárbaro... la virgen princesa se enroca en el no... Atila le conmina: o dungadunga o degüello.. ¡que no!... ¿que no?... pues allí mismo la degüella incitando a su ejército a proceder del mismo modo contra aquella marea virginal en una orgía de cuchilladas y espadazos jamás vista en toda la historia del género humano, una orgía de género...

No puede empezar mejor la peli para ser taquillera... baldeando de sangre el paisaje, eso es... y ahora se coloca al espectador ante la gran incógnita: ya que eligieron preservar su virginidad, ¿respetó su elección aquella horda de hunos (perfectos caballeros, como se sabe) y se tiraron a degollarlas sin más, sin intentar siquiera un meneíllo?... ¡seguro!, lo dice la fe admitida: libres de mácula, las once mil sufrieron martirio y subieron al Cielo y a los altares como flechas. Su fama cundió y en su honor se inventaron las ursulinas.

Pero jamás existieron esas once mil vírgenes. Fueron hijas de una errata y un frailón exagerado. El texto original citaba sólo a once vírgenes y mártires, pero el copista creyó que la letra «m» que les seguía significaba mil y así lo estampó sin cortarse. Después, el dato se hizo cierto y fe porque ¡estaba escrito en pellejo de becerro!... ¿y para qué desmentir, si corría rentable la devoción?... cerca de Colonia, al edificar una iglesia mayor en su honor, apareció un antiguo cementerio del lugar... al ver tanto hueso, dijeron ¡tate!, que sean de las once mil vírgenes... así que tuvieron reliquias para dar, vender y sobrar. En el monasterio de Cañas (Burgos) aún se veneran unos cráneos de estas vírgenes . La Iglesia sabe que son timo, patraña y fetichismo, pero ahí siguen. ¿Otra vez « desde un cráneo hasta el jumento, todo es bueno pal convento» ?...

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