Diario de León

Gente de aquí | Un santo con pantalones

El beato viste de pana

En Valdevimbre es devoción lo que sienten por su paisano Antero, fusilado en agosto del 36 y cuya efigie de traje impecable recibe rezos y limosnas

La curiosa efigie del beato Antero, colocada en la iglesia de Valdevimbre.

La curiosa efigie del beato Antero, colocada en la iglesia de Valdevimbre.

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emilio gancedo | león
León

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A primera vista podría pasar por el patrón de los cobradores del frac o por la viva imagen -”eso sí, sin bigote-” de Jesús Malverde, santo a quien se venera con tiros y acordeones en los explosivos narcocorridos cantados de Jalisco a Sinaloa; pero no, el asunto es más elevado y más cercano: estamos ante el beato Antero Mateo, nacido en la vinatera villa de Valdevimbre en 1875, que se casó, que tuvo ocho hijos y que recibió tormento y muerte en octubre de 1936 a manos de milicianos barceloneses en el Puente del Dragón. Y que fue beatificado hace cuatro años para orgullo, devoción y recaudación de sus paisanos.

Hombre «de fe sobrenatural», como se le ha calificado, montó en Cembranos una fábrica de alcoholes pero la plaga de filoxera que en aquellos tiempos se abatió sobre los viñedos le obligó a cerrar. Siguiendo a su hermano Abundio, guardia civil, emigró a Barcelona, donde llegó a vivir en un albergue de caridad para poder enviar a casa todo el dinero que ganaba. Después consiguió un empleo en la estación de tren de la Ciudad Condal y se llevó consigo a su familia mas fue detenido en agosto de 1936, duramente torturado y asesinado de tres tiros. Leemos su historia en Once beatos dominicos leoneses , el muy documentado y a veces estremecedor libro de Jaime Rodríguez Lebrato y Ricardo Cuadrado Tapia.

Hoy, la talla de Antero, seglar, elegante y serena, da la bienvenida a los fieles sin inmutarse. Y sin una arruga.

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