Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Me fascina y a la vez me espanta la internet (es la, es femenino, es la red , la entre-red ). El sitio es gigante. Ahí está a cada instante el planeta entero en su bullir, todo el planeta, con su ruido o su lamparita cada cual, todos los libros, todos los foros, todas las imágenes, toda la historia de la humanidad... y hasta el mañana que se ensaya ahora mismo casando lo que cree la Ciencia que será el futuro con el futuro que venden los millones de videntes y diseñadores que han montado aquí su fabulosa tienda. Internet es el zoco humano más espeso, confuso, próspero y febril que jamás nadie pudo imaginar. Y además, crece y crece sin cesar con novedades rabiosas y aplicaciones fantásticas. Las marcas se pisan el rabo o la yugular por disputarse cacho. Las cifras marean y el dinero gordo de la economía mundial acude a engordar en buena medida en el segmento de nuevas tecnologías. La velocidad es de vértigo. Agárrate.

Vaaaaale... se acepta ese pulpo como animal de compañía... pero de muchísima compañía... y demasiado pulpo... las ocho patas del octopus internéticus se nos cuelan en la cocina, en las cuentas, en los gustos, en la familia, en el tajo y hasta en la cama, al dormir, cuando se atropellan en nuestros sueños los ecos de lo que mamamos de la pantalla.

Pero, chaval, recuerda que eso es el mar, la mar océana, el infinito mar... es internet, la red de tupida trama que cubre y viste el globo terráqueo... y ahí estás tú, navegando, ahí remas tú con tu chalupa... no olvides lo que cantaba aquel pampero: « de poco vale un paisano sin caballo y en Montiel »... y en tu chalupa vales poco, chaval... tampoco te lo creas si logras izarte a la cubierta de un portaviones; de una patada en el culo pueden volverte a tu cáscara de nuez entre las olas. Así acaba de hacerlo la pájara dueña del imperio informativo Huffington Post , una red de blogs que arrasa. Le compraron el invento por trencientos millonazos. Sus redactores y blogueros gratuítos le pidieron que les pagara algo o irían a la huelga y la tía les contestó «adelante, nadie lo notará; sobran blogueros que sueñan con ese hueco». Lo terrible es que tiene toda la puta razón: desde que el periodista se empezó a vender al kilo, pesas poco y vales nada, rapaz.

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