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PEDRO TRAPIELLO
León

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D esconocemos Japón, el hondón milenario de su cultura y el alto concepto que tienen de sí mismos que les hace llevar hasta el paroxismo su noción del honor, de la muerte y de la nación. Ignoramos su historia y sus porqués desdeñando conocerla. Y no iríamos con los japoneses ni siquiera a una huelga, porque la hacen al revés. Pero, de repente, un temblor brutal y un baldeo criminal arrojado con furia sobre sus costas nos coloca a Japón en cada primer plano de las noticias y no sabemos qué decir más allá de exclamaciones y asombros ante la magnitud de una tragedia que puede acabar, además, con un catapún nuclear de muchísimo espanto, lo que faltaba para el duro, la peste letal...

La energía atómica se estrenó en Japón con dos bombazos y gran carnicería humana. Tampoco estaría mal que acabara japonesamente para siempre donde más horror causó. Aprovéchese esta enésima invitación al pánico que nos están mandando desde allí las centrales de Fukushima y Tokai: nuclear, yuyu... nuclear mata .

La fatal lotería de la catástrofe natural siempre es generosa en los países pobres (Haití, Bangladesh, Indonesia, Sudán), pero en esta ocación ha agraciado al tercer país más rico del mundo; y esto, unido a lo lejísimos que nos cae el suceso, rebaja considerablemente nuestra pena o conmoción, nos ahorramos la lagrimina y no hay oenegés abriendo por ahí cuentas solidarias para ayudar a los japonesitos (conservo una de aquellas huchas del Domund, huchas-cabeza de indígenas de todo el mundo de barro esmaltado y coloreado; la mía es de una japonesita de piel blanqueada con polvos de arroz, ropa de seda y moño de geisha; al pie pone Ayuda a las Misiones ; qué gracia, a Japón; pero ahora es la cabeza nuestra, hecha hucha también, la que cuelga del índice Nikei , de la banca nipona o del favor que nos hacen sus potencias automovilísticas poniendo aquí sus factorías).

El stress nacional que vive Japón se asemeja al de su última guerra. La guerra la perdieron, pero ganaron la paz y se rehicieron hasta comprarles el alma financiera a los norteamericanos vencedores. Contra el tsunami perdieron, pero ganarán fuerza. Estoy seguro.

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