CORNADA DE LOBO
Volver al redil
Lo llamaron redil porque se trata de un cercado hecho de red y estacas para poder encerrar en él a todas las ovejas cuando se pastorea lejos de cualquier majada. El redil, la oveja descarriada y el buen pastor son el símbolo por excelencia de la iglesia católica. Y al redil de Roma volvieron el miércoles de Ceniza algunos centenares de anglicanos que abandonaron esa iglesia separatista que se sacó Enrique VIII por la bragueta y cuya cabeza natural ha sido desde entonces el rey de Inglaterra, hoy Isabel II, la papisa de los mil sombreros y bolsos mil.
La iglesia anglicana lleva tiempo embroncada y dividida... la homosexualidad, las mujeres presbíteras o la consagración de obispas son la parte gorda del incendio teológico. Imposible el acuerdo. Algunos obispos anglicanos, clérigos y fieles tradicionalistas no han digerido los cambios y se escindieron de la autoridad de Canterbury como Comunión Anglicana Tradicional (cuatrocientos mil dicen ser; los anglicanos verdaderos son cincuenta millones). Y ahora caen en la cuenta de que entre católicos aún pasará algún siglo hasta verse curas gays que se casan o señoras monseñoras... pues allá que nos vamos, se dijeron, regresamos al dictado del obispo de Roma, al viejo redil.
Después de lo que cae y de los cien mil católicos que solamente en Alemania y Suiza firmaron su apostasía de la Iglesia durante 2010, un diario de indulgencias y aleluyas sacó pecho y titular triunfal para aliviar la abollada moral vaticana: « Centenares de anglicanos se convierten al catolicismo» . Vaya, eso sí es noticia y cosa extraordinaria, porque hasta ahora los refractarios y antipapistas ingleses sólo se convertían de uno en uno y con rebote personal: Chesterton, Graham Green, Tony Blair... Pero, leyendo la noticia, resulta que ese pelotón anglicano no se convirtió del todo, ni mucho menos, ni dependerán de autoridad vaticana, sino de vicario propio, conservarán normas, usos, particularidades y sus curas seguirán casándose, es decir, Benedicto XVI les firmó algo así como un corralito aparte en confederación, parecido al de los maronitas, cuyos curas también se casan y a Roma no le importa demasiado. A la fuerza confederan. ¿La Iglesia futura será federal?...