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ANTONIO NÚÑEZ
León

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Estaban prohibidas las inauguraciones desde hace dos semanas por la Junta Electoral cuando el martes se le ocurrió al Santo Cristo del Perdón, venerado patrón de la cofradía de los ferroviarios, inaugurar la nueva calle entre el Crucero y Ordoño, naturalmente acompañado del señor alcalde Francisco Fernández y medio equipo municipal de gobierno. Si esto no es infringir la ley que venga Pilatos y lo vea, le digo a usted señoría, aunque juraría yo que el Cristo, como siempre, está libre de toda culpa. Investigue el fiscal esta barrabasada semanasantera y no se lave las manos.

Para más Inri iban en la procesión inaugural, con semblante compungido y a mayores del alcalde, ediles socialistas como Ibán García, que hará no tantos años protagonizó una sonada espantada de no me acuerdo qué iglesia cuando el cura tronaba desde el púlpito, y hacía bien, contra el divorcio exprés y los matrimonios gais de Zapatero. Él sabrá por qué montó aquel pifostio. En fin, arrepentidos los quiere Dios.

Rezaba uno para sus adentros que por fin se había acabado la matraca de las inauguraciones electoreras, pero no quiso Dios escucharme, sino todo lo contrario: ir de cómplice del delito electoral. Me consuelo pensando que, de haber sido al revés, se hubiera producido un milagro. Están prohibidos por decreto en la España laica de Zapatero, según le dijo él mismo al Papa cuando fue a despedirlo en su última visita pastoral a este pais. Curiosamente el que ponía más cara de incrédulo en aquella conversadera aeroportuaria era Benedicto XVI.

Es de agradecer el fervor católico de los socialistas leoneses al abrir paso en Martes Santo a la procesión del Perdón y evitar que diera el rodeo de todos los años por el difunto paso a nivel. Ahora bien, la fé de muchos por la democracia se tambalea al no saber si hay que agradecérselo y votar al Cristo o al alcalde Fernández. He aquí el dilema. Por dudas menos hamletianas que ésta nos salimos del seminario de La Bañeza el subdelegado del Gobierno, Francisco Álvarez y yo. Como la Virgen de Castrotierra por aquel entonces no inauguraba nada acabamos los dos rebotados. Es la única explicación que cabe.

Rejuvenece uno, a pesar de todo, con la procesión del martes, hecha con nocturnidad, premeditación y alevosía. Desprecio de sexo no, porque también procesionaban aunque sin peineta y mantilla otra concejala y la secretaria del Ayuntamiento, pero poco les faltó. Y se dice que rejuvenecemos porque en las primeras piedras de nuestra infancia, cuando no había elecciones, además del alcalde y el gobernador civil nunca faltaba el obispo con el hisopo para bendecir la obra o lo que fuera. Su eminencia reverendísima don Julián no acudió esta vez al Crucero y delegó la liturgia en los papones del ferrocarril, incluido el responsable de la alta velocidad en León, Juan Conde, que cortó la cinta. Se ve que don Juli, al que se le conocía por este apodo torero en Salamanca antes de venir al coso leonés, le quedaron resabios de Biomédica. Pero a los demás nos toman estos días por tontos del capirote, señor obispo.

Puede que todo sea para bien. Meter y sacar el tráfico de Ordoño al Crucero es un hito memorable. Lo segundo puede que salga bien, porque es la forma de que servidor salga pitando desde la glorieta de Guzmán hasta mi pueblo, que es La Bañeza, camino de Antibióticos y el Páramo, siempre que no pase de ciento diez por hora, porque entonces te sale al paso al radar de Tráfico y ya no te indulta ni el Santo Cristo del Perdón. En cuanto a tener vía libre de vuelta desde el Crucero a Ordoño II, donde el Ayuntamiento tiene taponada media calle a los coches en dirección única, la velocidad de entrada al centro de la ciudad va a ser sobre poco más o menos la de la procesión del otro martes.

Que Dios nos coja confesados con esta clase política. Hay que ver qué tropa y no tenemos otra, mi sargento, si lo sabrá usted que ha pasado de suboficial de cuchara a uniforme de gala de macero. Aunque para mazos ellos. Lo que es yo no me reengancharía.

Hoy, domingo de Pascua, es la carlistada ultracatólica del PNV, políticos sobre los que teme uno que empiecen a copiar los de aquí. Otros que tal bailan al paso de la procesión. No creo que lo de nos nuestros sea para tanto, aunque ya avisaba Unamuno que «no hay nada más bestia que un requeté recién comulgado».

Podría ser, pero después de lo de la ley del aborto, la antitabaco y tararí lo que caiga todavía malicio también yo que en León no hay nada peor que la puta arrepentida, con perdón del Genarín.

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Ojo con estos, eminencia.