CORNADA DE LOBO
De subir al árbol
E n un pueblo valenciano de nueve mil almas, Vilamarxant, se han sacado del tanga una ordenanza con multas de hasta 1.500 euros (3.000 al reincidente) a quien zarandee, golpee, queme o se suba a un árbol ... ¡pordiós, con lo que tienta a los guajes el trepar y licenciarse en escalabraduras, tal como Dios y la ley de la gravedad mandan!, o sea, cayendo del guindo.
En ese pueblo, seguramente, estaban hartos de ver maltratado o tronchado el arbolito urbano y en peligro seguro sus ejemplares singulares, ya chamuscado alguno por ese vicio levantino de ametrallar cada fiesta o jolgorio con petardos, cuetes y buscapiés, de modo que han decidido sacar la porra de la ley y el talonario de la porra, porque ahora, en Vilamarxant, si sacudes un árbol, por muy peral o ciruelo que sea, siempre te caerá una castaña, mira tú qué rareza de naturaleza.
Pues no está mal. El árbol es cosa sagrada. En cualquier ciudad es la gente más decente que puede verse en sus calles. Ni tocarlo, pues. Está en su sitio para aliviar el hormigón y sombrear el banco de los paseantes y pensionados. Sagrado. Leña al jenízaro.
Ahora bien, ¿no deberían empezar esas multas por los jardineros municipales que se suben a ellos, los podan como muñones, les mutilan las raíces con zanjones, los zarandean en otoño o los dejan secar como si fueran guajes cantando «la manga riega que aquí no llega; si llegaría, me mojaría»?
En el «debe» de la jardinería pública hay también no pocos arboricidios impunes, maltratos y muertes de sed o asco. Y caprichos, tonterías o plagios pijos, ni te cuento. Ejemplo: se empeñó algún listo en comprar (a 700.000 calandrias la unidad) unos quercus rubra italianos que plantó en hilera frente a la iglesia de San Marcos... y ahí los tienes tiesos de alma y muertos de pena; ¿pidió siquiera disculpas por meter las patas en el tiesto?... ¿y esos tejos condenados en ese mismo sitio a ser putos chirimbolos podados o secos?
Por lo demás, atícese tras las orejas al gamberro que va esgañando árboles en cualquier noche de pedo agresivo. Pero habilítense algunos para que el enamorado selle con navaja su fervor y frutales de jardín a los que puedan trepar las criaturas como panzapegos.