Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

Le dijo una noche Jose Luis a Sonsonles y está publicado: «Hay cien mil como yo que podrían ser presidentes del Gobierno». Con que Dios nos libre de él y de otro igual nos sobra, pero es bien cierto que habrá no menos de seis u ocho millones de españoles capaces degobernar mejor el pais, en concreto cualquier cabeza de familia que no gaste en casa más de lo que gana. Servidor no serviría, porque me parezco a él. Fui ayer a pedir otro crédito al banco y me despidió el director cortesmente con un «vive usted por encima de sus posibilidades» y no le faltaba razón. Hasta de mis probabilidades, diría yo.

Algo parecido, solo que a lo bestia, le pasa a España y a Zapatero por ahí fuera, donde a la sucursal del banco de la esquina le llaman mercado de deuda soberana, así que hay que reformar la Constitucion a toda pastilla en tres semanas, algo que no se había hecho en treinta años, para firmar que el Estado no va a gastar más de lo que ingresa. Cóño, para eso no hacía falta un gobernador del Banco de España ni un Tribunal Constitucional ni Dios que lo fundó, pero lo han impuesto la Merkel y Sarkozy en vísperas del doscientos aniversarios de la Constitución de Cádiz, viva la Pepa.

En el PP están de acuerdo —ya lo habían dicho antes con Aznar, que era de todo, menos simpático— pero en el PSOE hay sus más y sus menos empezando por Rubalcaba, porque piensan que el país se puede endeudar aún más para sacarlos a ellos a flote. «El dinero público non ye de naide, home», dirán seguramente hoy en Rodiezmo, seguidos de los sindicatos asturianos y de cualquier chilicuatre del 15-M, la mitad niñatos y el resto delicuentes juveniles que se hacen llamar a sí mismos antifascistas, antisistema y antiminas de Victorino Alonso. El otro día en Sosa de Laciana eché de menos una mano de leches de los mineros, aun sin contar con apoyo de los barrenistas. Los mineros de la Marcha Negra y de la otra de hace no tantos meses, gracias a los cuales se han salvado de momento las últimas cuencas, tienen las manos como palas y los otros sólo el callo de un dedito de apretar el Internet. La cuestión es que en lo de las minas a cielo abierto los primeros se juegan el puesto de trabajo y el futuro de lo que queda del valle. La Guardia Civil protege, sin embargo, a los vagos, así como suena, le digo a usted, mi sargento.

Las encuestas pronostican a Mariano una mayoría absoluta sin precedentes de ciento ochenta y tantos diputados contra ciento y poco del PSOE. Por primera vez se enfrentan dos candidatos con barba para los que cejas y marketing cuentan poco. La trastienda de la peluquería nacional son cinco millones de parados. La barba de Rajoy está para tapar cicacrices de un accidente de tráfico y la de Alfredo por «progre», aunque a uno siempre le recuerde a Darwin y a la carátula de anís del Mono sin rabo ni peluquín, por la cantidad de gobiernos en los que ha evolucionado Alfredo hasta llegar a «homo sapiens candidato».

La mayor parte de la gente estará de acuerdo en que todas estas majaderías se resumen en dos. Una, Zapatero, macho, ya va siendo hora de que te larges. Y, dos, qué haces todavía aquí. Se podría añadir una tercera a lo «¿Si nadie te quiere por ahí fuera por qué quieres volver al pueblo?». Las cosas son como son y a los paisanos hay que decírselo para que no te den pedradas.

Bueno, de todo lo que ha quedado este verano por escribir lo único en plan amable es el compromiso de casorio de la duquesa de Alba, doña Cayetana. Tiene ochenta y tantos tacos y un novio resultón, pero que no le va a la zaga en el DNI , porque para él la moza está aún de buen ver. Unos opinan que es un braguetazo y otros que, una vez repartida la herencia familiar, se hacen apuestas a ver quien sobrevive en el palacio de Liria, donde ya reposan el primer marido embajador en Londres, que anduvo por León pescando truchas del Órbigo de incógnito y comía en Casa Boño, LaBañeza, hasta que reparó en él mi tía Conchita, momento en el que al ser descubierto desapareció. El segundo marido, Jesus Aguirre, confesor y lo otro, reposa en aquellos claustros con quién sabe qué confidencias.

Esta es una chica de casta, no cabe duda, desde que Goya retrató a la maja desnuda y a la maja vestida. No conozco al galán, pero me temo que en las revistas del corazón y de la placenta se cuelguen coplas, al revés, de las que se cantaban antaño cuando otro aristócrata merodeaba melancólicamente a una cupletista: «¿De qué vale, señor conde/el que yo tenga por donde/si usted no tiene con qué?».

tracking