Diario de León

Gente de aquí | Los osos recuperan sus buenas costumbres

El don Juan de las Fuentes

La Fundación Oso Pardo consigue captar imágenes de un celo osero en agosto, fuera de la estación reproductora de los plantígrados.

La secuencia de imágenes, tomadas a finales de agosto, muestra el acercamiento entre la pareja.

La secuencia de imágenes, tomadas a finales de agosto, muestra el acercamiento entre la pareja.

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Ana g. valencia | león
León

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Hasta ayer sabíamos que la primavera la sangre altera, pero desconocíamos que el final del verano causara los mismos efectos. Este descubrimiento se debe a que los osos pardos han recuperado sus costumbres más primitivas en los últimos días del mes de agosto, lo que convierte al Parque de las Fuentes en Asturias lindando con Lciana, donde habitan estos ejemplares, en el templo de los osos ‘amorosos’. Resulta que la época de celo de los plantígrados se extiende desde mediados de abril hasta los primeros días de julio, pero este agosto ha sido excepcional ya que es la primera vez que se comprueba un episodio de celo tan alejado de la estación reproductora.

La pasión se ha apoderado de tres machos y una hembra y aunque parezca el perfecto argumento de una telenovela no lo es y, solamente uno de los osos ha copulado durante varios días con la osa.

El cortejo captado por las cámaras es similar al de los humanos. En este caso, está basado en que la hembra se deja agasajar y cuando el macho comprueba que está receptivas llegan las cópulas, que como señalan desde la Fundación Oso Pardo (FOP), «son vigorosas y se repiten varias veces al día».

Aunque las causas de este comportamiento no están todavía claras y hay lagunas en el conocimiento de la reproducción de los osos pardos en libertad, esta actividad parece demostrar una elevada capacidad de adaptación de la especie. Técnicamente, la producción de espermatozoides en los machos termina a finales de julio, cuando se pone fin la época de celo, aunque los osos machos pueden almacenar espermatozoides activos durante algunos meses más. Esta plasticidad, unida a que los embriones de oso no se implantan en el útero materno hasta noviembre, hace posible que estos celos, excepcionales y tardíos, puedan ser efectivos y tengan como consecuencia nuevas camadas de oseznos en la siguiente primavera.

A penas se conocen casos similares de este comportamiento tan alejados de la época de celo. No obstante, la literatura científica revisada recoge pocos casos parecidos en Japón y Canadá, lo que pone de manifiesto el carácter excepcional de estos coitos entre osos cantábricos.

Las andanzas sexuales de este peculiar don Juan y su doña Inés pueden verse en la edición digital del Diario de León, en www.diariodeleon.es.

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