LEONESES POR EL MUNDO. BRASIL | miguel ángel álvarez. informático desarrollador de páginas web

«En Brasil ya se acabó el hambre»

Miguel Ángel Álvarez. informático desarrollador de páginas web. Este diseñador de páginas web llegó un día a Río de Janeiro con un ordenador bajo el brazo y acabó casándose y viviendo en la ciudad de Florianópolis, célebre por su exuberante naturaleza.

Miguel Ángel con su esposa brasileña, Juliana, en la isla de Florianópolis.

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e. gancedo | león
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Recuerda con nostalgia y cariño aquellos veranos en Villamejil (la Cepeda), rodeado de animales, baños en el río y sabios consejos de los abuelos, y en parte algunas zonas del interior de Brasil le recuerdan aquellos modos de vida —supervivencia y autarquismo— ahora casi olvidados en el mal llamado primer mundo. Miguel Ángel Álvarez nos cuenta cómo acabó residiendo en la verde Florianópolis, al Sur del país: «Llegué a Río de Janeiro con idea de establecerme allí, llevaba una maleta de 23 kilos y una mochila de mano, básicamente con ropa y el equipamiento informático necesario para teletrabajar. Había alquilado un estudio para vacaciones en Copacabana, donde pasaría los tres meses de verano que se avecinaban. Visto así quizás parezca una gran e incierta aventura, pero lo cierto es que ya conocía la ciudad y tengo familia en Río, así como diversos amigos, y sabía que todos me iban a acoger muy gratamente».

Unos meses de playa, carnaval «y de todas esas cosas que el turista busca en Río de Janeiro. Sin embargo, esos meses me confirmaron un poco más lo que ya sospechaba, que es una ciudad demasiado grande y desordenada para mi gusto. Durante mi estancia en allí estreché lazos con mi amiga Juliana, que fue quien me habló de Florianópolis y de la serie de ventajas que tendría vivir allí. Juliana luego se convertiría en mi mujer y nuestra relación comenzó en serio justamente cuando decidimos mudarnos juntos a la, llamada familiarmente, Floripa ».

Ante la cuestión del debate atraso-modernidad en el gran país suramericano, Álvarez avisa que lo de atrasado «es relativo, todo depende de dónde te encuentres». «Por ejemplo, si vas a la capital, Brasilia, te parece que has hecho un viaje al futuro. Si viajas al interior es como volver a la infancia en León, donde se vive de la agricultura y ganadería de subsistencia, aunque mezcladas con la modernidad de los cibercafés y las tiendas de móviles —explica—. Ciudades como Río o Sao Paulo no tienen nada que envidiar, en términos de progreso, a lo que estamos acostumbrados en ciudades europeas. El problema aquí es la desigualdad social. En una ciudad de ensueño como Río de Janeiro encuentras barrios de enorme riqueza que limitan con favelas, y todo eso genera violencia».

Y resume la situación de la siguiente manera: «Cuando un país, o un municipio, tiene parte de su población con tan pocos recursos, es difícil conseguir que reine la limpieza y el orden, incluso en los barrios más turísticos. Hoy en Brasil se ha acabado el hambre, pero todavía hay que incorporar millones de personas a la clase media y dignificar barrios populares. En todo eso están trabajando los gobiernos recientes, pero hay mucho camino por delante. En cuanto al aspecto laboral, Álvarez subraya que allí no hay paro: «Si miras los sueldos de los profesionales cualificados, están equiparados con los que disfrutamos en España. Sin embargo, es algo con lo que no he tenido que bregar, pues mantengo el mismo trabajo. Sólo cambié mi oficina de lugar gracias a Internet».

Sobre la visión que desde allí se tiene de nuestro país, Miguel Ángel Álvarez asegura que los brasileños «ven a España con cariño y simpatía. No conozco ningún brasileño que no le guste España y, aunque parezca mentira, hay mucha gente que se identifica más con nuestro país que con Portugal». ¿Y la crisis? «Yo me vine a Brasil un año antes de que asomaran los problemas y muchas veces agradezco haber hecho las maletas a tiempo. Con el paso de los años podré decir que esquivé la crisis viviendo en una realidad alejada del pesimismo que se vive hoy en España. Pero ojo, que hace pocos días comenzaron a ver las orejas al lobo también aquí y quizás la realidad del país cambie».

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Y aunque aún no se plantea lo de regresar, sigue viendo a España como «un lugar excelente para vivir». «Ahora soy capaz de apreciar mucho mejor las coberturas sociales que disfrutamos, la igualdad y las oportunidades que hemos tenido las personas de mi generación».