Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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En Marruecos o en Argelia no entres en política si hablas con la gente de allí: o les parece obscena tu curiosidad o mentirían como bellacos si se atreviesen a dar una opinión, que nunca será la suya, sino la que suponen o saben que han de dar. Hay un miedo espeso en el aire que muerde el cogote en cada esquina. En ese viejísimo mundo sigue gobernando la oreja, el reojo, el chivato, el cuchicheo trapichero y una obediencia ciega o temerosa al poder y a la estaca.

Pero al mundo árabe se le va atragantando el absolutismo y vomitan protestas las calles de Siria... o le llega a Libia esa rebelión derrocadora que aún ruge inútilmente en Yemen... o se instala en El Cairo una libertad abollada, vigilada y de chichimoni (algo es algo)... ¿y?... ¿seguro que no habrá ya más absolutos?... ¿descubrirá esa gente cómo asar la manteca democrática?

Ya es un hecho: la sharía, la ley islámica, inspirará las nuevas leyes libias («lo que diga el señor obispo», para entendernos), así que Alá presidirá en la sombra ese parlamento y al que se salga de la verdad divina se le dará con la badila en los nudillos... repetidamente.

¿Es así como debe empezar a cocerse una democracia? ¿No es Alá, como todo dios, la idea más rotunda de lo absoluto, de lo total? ¿No suele lo total llevar a lo totalitario? ¿Y si todas estas primaveras quedasen reducidas a un mero intercambio entre absolutismos (quítate Gadafi, que viene el imán... y el electroimán)?...

Se sabe que no hay cosa más peligrosa en esta vida que el lector de un solo libro. En el analfabetismo doctrinario de no pocos musulmanes sólo cabe un texto en su casa, el Corán, la única verdad... lo demás sobra (no son muy diferentes los que sólo leen la Biblia). Sólo Dios basta, establecen las religiones (cada cual el suyo, claro, y a leñazo bendito entre todos ellos, viejo vicio que escribe la historia a cristazos).

Confiemos, sin embargo, en que antes de venir a por nosotros convirtiendo la media luna en el mordisco de una tenaza geopolítica, se partan la crisma entre las irreconciliables ramas del Islam, como confirman cada día con su orgía de sangre chiíes y sunníes.

Si se instala la sahría en la primavera árabe, ¿no habría que llamarla invierno?

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