Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

Son chicos. Lo descubrimos hace tiempo. Lo que nos confundió fue que llegaran con esa forma pequeña e inmadura; no estábamos acostumbrados». Mark Twain atribuye a Adán esas palabras de asombro en su precioso libro «Diario de Adán y Eva». En ellas se refleja la eterna pregunta del ser humano sobre el inicio de la vida. La forma en que llegamos nos confunde y nos engaña. Pensamos que esos seres que llegan a la vida no pueden tener la misma naturaleza y merecer el mismo respeto que merecen los adultos.

Los días 11 y 12 de noviembre, la Universidad Católica de la Santísima Concepción, en Chile, organizó un interesante congreso internacional sobre «El Síndrome post-aborto». Las interesantes ponencias que allí se expusieron habían de dejar en el ánimo de los participantes algunas certezas, como las siguientes.

1. Es indudable la continuidad de la vida humana desde el momento mismo de la fecundación. Entre el embrión inicial y la persona adulta no hay cambios cualitativos sino solamente cuantitativos. Para pasar de ese momento inicial al estadio de la madurez humana sólo se requiere oxigenación, alimentación y el tiempo suficiente.

2. La interrupción de la vida embrional no es indiferente. Cuando se habla de «interrumpir» ese proceso se está empleando un eufemismo para ocultar el drama de la muerte de un ser humano.

3. En el aborto humano la mujer no es la única responsable. Hay muchas responsabilidades, por comisión o por omisión, que son habitualmente silenciadas por un falso pudor que esconde responsabilidades afectivas y profesionales.

4. En el proceso del aborto humano, la madre ya no puede olvidar jamás al hijo que no llegó a nacer. Su angustia y ansiedad, sus trastornos personales al recordar la fecha en que debería haber nacido se comprenden hoy como señales del llamado «síndrome post-aborto».

5. Es lamentable comprobar que, en el caso de un embarazo «no deseado», el aborto se presente como una liberación para la mujer. Nadie se libera definitivamente de la vida que ha cortado.

6. Los proyectos de legalización del aborto, además de encubrir dependencias ideológicas e intereses económicos, esconden la irresponsabilidad y el abandono de la mujer a su propia suerte, es decir, a su propia desgracia.

7. En una cultura marcada por el sello de la muerte no basta con lamentar el aborto. Es necesario que las personas y las instituciones sociales hagan visible su compromiso real para atender a la mujer necesitada de comprensión, de afecto y de ayuda efectiva.

Adán pretendía disculparse de la dureza con que había mirado a aquellos pequeños seres que habían nacido en su entorno. No podía comprender la pasión con la que Eva los defendía. Pero en este momento de la historia nadie puede pretender ampararse en la ignorancia para terminar con la vida de un ser humano en el proceso de gestación.

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