Diario de León

Gente de aquí | El peso de la justicia

Ortega Cano: «Asumo lo ocurrido, soy consciente»

La decisión de la Fiscalía no pilla por sorpresa al torero, que se mentaliza sobre lo que pueda dictar el juez.

El diestro, en una foto de archivo tras el accidente, pasa los días enclaustrado en su finca de Hierbabuena.

El diestro, en una foto de archivo tras el accidente, pasa los días enclaustrado en su finca de Hierbabuena.

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mabel redondo | madrid
León

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Si José Ortega Cano va o no a la cárcel está por ver. De momento la Fiscalía de Sevilla ha pedido cuatro años de prisión por un delito de homicidio imprudente, por conducción temeraria y por conducir bajo los efectos del alcohol, y seis años de retirada del carné de conducir por el accidente que, el pasado mes de mayo, le costó la vida a Carlos Parra.

La noticia no le ha pillado desprevenido al torero, es de suponer que se está preparando psicológicamente para la que se le viene encima. José está mentalizado y sabe que tendrá que asumir la pena y la correspondiente multa que dictamine el juez. Lidiar con su recuperación física es otra cosa que también le está afectando al estado de ánimo, este macropuente lo ha pasado en Hierbabuena «muy tranquilo». Ortega está muy desanimado y verdaderamente triste, así lo pude constatar cuando le llamé para preguntarle cómo había procesado lo que le pide la Fiscalía. Lejos de no responder a la llamada, contestó a mi pregunta de forma tranquila y muy pausada: «No puedo decir nada con respecto a lo que dice la Fiscalía, son mis abogados quienes se encargan absolutamente de todo esto». Cuando le insistí en que me diese al menos alguna impresión, José me respondió: «No es que yo me mantenga al margen, porque asumo lo que ha pasado, soy consciente de todo, pero no puedo opinar, es eso lo que quiero decir».

José Ortega Cano no va a evadir su supuesta culpabilidad, dentro de unos días se cumplirán siete meses del accidente y los datos de la investigación han ido saliendo a la luz casi con cuentagotas, datos que objetivamente no dejan en buen lugar al torero por lo que su defensa no es del todo fácil.

Por otra parte, el torero vive ahora prácticamente enclaustrado en su finca de Hierbabuena. Tan sólo sale para visitar a su médico y las alarmas resuenan en la familia de Ortega cuando, de vez en cuando, al torero le sube la fiebre y los especialistas no «saben por qué».

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