Diario de una aventura
La Wideroefjellet es nuestra
Ha sido de las ascensiones que más nos ha llenado, sobre todo por lo que tuvo de exploración y por aportar datos valiosísimos para los científicos.

Jesús Calleja, Alain Hubert y Emilio Valdés en la cima de la montaña Wideroefjellet.
Hola amigos: fue de esos días que no olvidaré en mi vida. Como sabéis salimos de la base belga Princesa Elizabeth Emilio, mi cámara, el explorador polar Alain Hubert, el médico de la base y yo rumbo al Wideroefjellet, la montaña más alta de la cordillera Sor Rondane, y la más alta de esta salvaje Tierra de la Reina Maud, al Este de la Antártida. Os aseguro que ha sido fascinante: tras unas primeras ascensiones de entrenamiento fuimos a por nuestro objetivo, el Wideroefjellet que, al contrario de lo que se pensaba, su altura real es de 3.489 metros. Anteriormente se dijo que tenía 2.996 metros, después 3.350, pero nosotros lo pudimos medir con precisión y exactitud con GPS, y afirmamos que mide 3.489.
Comenzamos a ascender desde los 1.661 metros de altura en los que se sitúa el campo base del pico. Por delante teníamos más de 1.800 metros de desnivel: una auténtica paliza antártica… Pero lo logramos, amigos, llegamos a la cima Alain, Emilio y yo. Logramos la primera repetición de esta ascensión, únicamente realizada por Alain Hubert en noviembre del 2005, y a través de una nueva ruta. Alain subió por el glaciar, nosotros íntegramente por una larguísima arista, muy expuestos al fuerte viento, y que nos llevó desde el campo base hasta la cima (3.489 metros) por la arista Noroeste. Total: ¡1.828 metros de desnivel!, golpeados por el fuerte viento, con la misma ropa y botas que si fuera el Everest, muy cargados con todo el material de montaña, más el de la grabación: dos cámaras, baterías, etcétera, fue una súper paliza de 15,8 kilómetros entre ida y vuelta, en la que tanto la altura, como el fuerte desnivel y el frío se dejaron sentir.
Estamos orgullosos de haber abierto este nuevo itinerario, que es espectacular, no sólo de ascenso sino también de descenso: la bajada también la hicimos por una ruta nueva. En su primera ascensión al Wideroefjellet, Alain subió y bajó por el mismo glaciar norte, nosotros descendimos abriendo ruta por la arista noreste. Queríamos que la ruta fuera original y escalarla y descenderla siempre por aristas hasta donde fuera posible. Esto nos exponía más a los vientos, pero es más aéreo y espectacular para filmar.
En definitiva, ha sido de las ascensiones que más nos ha llenado, sobre todo por el cariz de exploración y por registrar datos valiosiosísimos para los científicos. Porque todos los datos registrados se estan recopilando para que, desde la misma base antártica belga, se pongan en conocimiento de la comunidad científica pues son de gran importacia al tratarse de la montaña más alta en esta grandísima extensión. De hecho si trazáramos un círculo de dos mil kilómetros de radio desde este pico, veríamos que no hay montaña más alta, por lo que ocupa la parte más grande de la Antártida en distancias que cualquier otra montaña de altura superior. Para Alain toda esta información es vital porque le ayudará a estimar mejor la altura del resto de los picos adyacentes, que son docenas de ellos y todos sin escalar. Nos vamos de aquí, pero felices, porque al menos hemos hecho nuestra contribución a la exploración y ciencia en este centenario de la llegada de Amundsen al Polo Sur.