Diario de León

LEONESES POR EL MUNDO. IRLANDA | Marcelino López de Abajo. Administrador de fondos bancarios (State street).

«Irlanda enamora, pero ¡ Viva León!»

Con el corazón dividido entre la familia, los amigos y la necesidad de encontrar trabajo, este leonés emigró hace 14 años a Irlanda, una decisión que cambió el rumbo de su vida.

Marcelino López de Abajo junto a su hijo Diego haciendo senderismo en el condado de Wicklow.

Marcelino López de Abajo junto a su hijo Diego haciendo senderismo en el condado de Wicklow.

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Ana G. Valencia | león
León

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Los Reyes Magos de 1998 le regalaron a Marcelino López de Abajo un billete a Dublín. Dicho y hecho ese mismo 6 de enero aterrizó en la capital irlandesa. Nuestro leonés quería comprobar si era cierto lo que comentaban sus amigos irlandeses y realmente era tan sencillo, por aquel entonces, encontrar trabajo en el país anglosajón. Con el corazón dividido entre su familia y amigos y la necesidad de labrarse un futuro guardó en una maleta todos los recuerdos de su niñez y adolescencia entre el Crucero y el Polígono X.

«Me llevó una semana encontrar trabajo en una librería del aeropuerto», argumenta Marcelino López quien recuerda su primer fin de semana de trabajo, «se jugaba el torneo de las cinco naciones y el aeropuerto se llenó de escoceses que me hablaban en un ‘inglés’ que no era el que a mí me habían enseñado». Sin embargo, aquella frustración de los primeros días se acabó en el momento que se integró completamente en el país. «Me propuse no relacionarme con españoles y dos meses después mi inglés había mejorado muchísimo». Y tanto se integró nuestro leonés que en menos de un año ya había conocido a Sarah, su esposa. «Yo me preparaba para pasar mis primeras navidades fuera de casa y fue cuando la conocí, ella y su familia me aceptaron como uno más».

Marcelino reconoce que a pesar de que le encanta Irlanda, «yo he nacido y moriré cazurro», y cuenta que cuando vuelve a León se sigue reuniendo con sus amigos y se convierten en aquellos ‘jovenzuelos’ que iban al Húmedo y luego a Lancia a tomar unas copas. «La vida ha cambiado para todos, pero me encanta venir a León».

Este leonés cambió hace más de diez años los libros por las operaciones financieras. Trabaja para una compañía americana como administrador de fondos (State Street). «Primero trabajé en las oficinas de Dublín durante unos meses, y desde hace una década mi puesto está en Kilkenny, a 40 minutos de mi casa, vivo en pleno campo, en el condado de Kildare, muy cerca de la capital».

En Irlanda, este leonés ha encontrado su sitio. Tiene dos hijos, «y cualquiera que los mire verá en ellos la mezcla de ambas culturas. Jimena tiene 18 años y se siente muy irlandesa, Diego tiene 9 y aunque aún es pequeño tiene un cierto sentido del leonesismo, lo que me alegra enormemente. Los dos hablan español, inglés e irlandés, la integración empieza por el idioma», confiesa orgulloso Marcelino López, quien, de todas formas, no encuentra demasiadas diferencias entre la personalidad española y la de Irlanda. «Los irlandeses son alegres y también le dan mucha importancia a la familia». Reconoce que la vida en este país se organiza en torno a la iglesia y los pubs.

«Lo peor de Irlanda, y aunque suene tópico, es el clima, aquí no puedes planificar con antelación un día de campo porque no sabes como amanecerá el día siguiente. Lo mejor, la Guiness, pronunciar esta marca es decir Irlanda, y la posibilidad de encontrarse con grupos que tocan música tradicional, ya que aquí el folk no se identifica con algo pasado de moda, tocan jóvenes y mayores, todos aman la tradición musical, y eso es algo que deberíamos copiar en León y en toda España».

Catorce años en Irlanda no han borrado el orgullo leonés que profesa Marcelino López, por ello «qué mejor manera de despedirme que con un ¡Viva León!», bromea.

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