Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

Tráfico de niños en la oscuridad franquista de maternidades y clínicas. Las evidencias son hirientes y la vergüenza está servida. ¿Y el delito?... Salvo excepciones, desconcierta mucho el titubeo judicial o la inhibición administrativa ante denuncias e indicios.

Es un asunto que preocupa e inquieta por lo extendido, por las reponsabilidades que aún pudieran derivarse y por ser clínicas respetables o instituciones religiosas donde más se dieron estos casos (algunos protagonistas están vivos y quizá tendrían que responder).

Nadie discute ya que en España se robaron niños en sanatorios, maternidades, hospitales de tal o cual congregación, orfanatos, beneficencias... Quizá eso explique que alguien ya esté poniéndose la venda antes de la herida; por ejemplo, el arzobispo de Barcelona, monseñor Sistach, que ha manifestado que para juzgar el robo de bebés «hay que ponerse en aquel momento y con criterios de aquel tiempo».

Vaya, ¿los criterios de aquel tiempo?, ¿precisamente aquellos criterios que consideraban una obra de misericordia «distraerle» un niño a su madre por pensar que tendría un futuro mejor si se le entregaban la criatura a un respetable matrimonio que seguramente pagó con largura esa fraudulenta y cómoda adopción de un bebé recién nacido sin apellidos ni trabas, cosa que permitía matricularlo a nombre propio limpio de rastro?... «con criterios de aquel tiempo»... sólo le cupo añadir que deberían de juzgarse estos casos también con aquellas leyes, con aquellos tribunales y con aquellos funcionarios que consintieron mirando a Cuenca o a la luna de Valencia, que están en la misma dirección según se mira desde La Candamia, porque resulta que en León este asunto huele también a nido vacío.

En noticias de este tipo y en pesquisas salió la Maternidad Provincial... y en bocas de esta ciudad andan los particulares criterios y componendas de un cura que estuvo encargado en la Diputación de adopciones y otras beneficencias. Mientras, en la esquina de las calles Esperanza y Decepción, una mujer que supo de la posibilidad de que esté vivo el hijo que dieron por muerto, no deja de exclamar para sus adentros «ay, mi niño robado... ay, mi niño».

tracking