Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Todos lloran allí sobre la ceniza de lo que fue. Cientos de hectáreas y montes de bosque son ahora un gigantesco sudario sucio y ennegrecido con árboles hechos estacas y teas clavadas en el corazón de la esperanza bajo un cielo limpio que no se mostró dispuesto a darles esos días al menos una nube que llorara y echara una manita de gotas a los que intentaban en vano detener el galope de aquel brasero devastador... no, aquel cielo no lo hizo... serán caprichos del clima, como lo fue el jarrear sin duelo sobre la Semana Santa apagando, esta vez sí, el brasero que esperaba la hostelería para no congelarse del todo. Fermina, la de Salus, está convencida de que estos venablos del clima son un castigo de Dios (se lo dice don Fidel, que fue funcionario de Hacienda hace mucho y tiene director espiritual).

En fin, ardió todo lo que quiso. A la reserva natural de Las Fragas del Eume le han arreado tal mordisco las llamas, que no hay gallego que no blasfeme ante la impunidad del crimen, las políticas caóticas y ese imposible escapar de la fatalidad de una Galicia incendiaria.

Fraga en galego es bosque con arboles diferentes y han dicho estos días que las del río Eume (parque natural desde 1997) son la masa boscosa originaria más grande Europa (robles, tejos, abedules, chopos, alcornoques, laureles, acebos, cerezos, alcornoques... cada cual a su bola o en su querencia). Sin embargo, entre las imágenes de este incendio vimos arder no pocos eucaliptos. Vaya, siendo Galicia, parece lógico. ¡Pero no en un bosque que dice ser una reliquia botánica y forestal herencia de milenios!, me comenta mi instructor en botánica. Esos eucaliptos no.

Quizá se trate de viejas plantaciones de propios integradas hoy en el parque, pero no están en su sitio, no son de aquí. España vio su primer eucalipto en 1880 (anteayer), vino de América y de Australia (y hoy es el cuarto país eucaliptero, qué huevos).

Mi instructor se cuajó. Por culpa de esos eucaliptos que no tenían que estar ahí se le abollaba su adorado mito botánico de las barrancas del Eume y exclamó «¡se me han caído las Fragas!»... y como yo entendí lo que me sonó, le dije «pues a esos montes también y mira cómo les han jodido».

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