Sor María defiende su inocencia y dice que le «repugna» el robo de bebés
La religiosa imputada rompió su silencio tras acogerse a su derecho a no declarar.

La monja María Gómez Valbuena, a su llegada al juzgado.
Sor María Gómez Valbuena, la primera religiosa imputada por el caso de un bebé robado, defendió ayer su inocencia en un encendido alegato hecho público en una carta abierta. La monja, de 87 años, rompió su silencio horas después de acudir a un juzgado de Madrid y acogerse a su derecho a no declarar, como le permite su situación procesal. El juez que investiga a la religiosa mantuvo su imputación por supuesta detención ilegal y falsedad documental.
En la misiva, Sor María califica de «completamente falsas» las acusaciones contenidas en la denuncia de María Luisa Torres, la madre a la que sustrajeron su bebé en una clínica de Madrid en marzo de 1982, con el argumento de que era una «adúltera», y que el pasado año pudo reencontrarse con su hija Pilar tras realizarse ambas las pruebas de ADN.
La religiosa de las hermanas de la Caridad, cuyo nombre aparece en decenas de denuncias que tramita la Fiscalía de Madrid, asegura que las acusaciones sobre su implicación en la trama le causan repugnancia, sostiene que «jamás» ha tenido conocimiento de sustracciones de menores en clínicas madrileñas y defiende que «siempre» ha ayudado «de forma desinteresada». «Me repugna en lo más hondo, considero inadmisible e injustificable en ninguna circunstancia y jamás he tenido conocimiento de la separación de un recién nacido de su madre biológica, realizada bajo coacciones», aseguró.
En la carta, la monja incidió en que «ha dedicado su larga vida a ayudar a los más necesitados», lo que viene a decir que en la clínica donde trabajó, llamada Santa Cristina, se ocupaba únicamente de personas sin recursos o con dificultades, o eso es lo que ella creía cuando estaba en la sección de maternidad.
No «denunciada»
De todos modos, la defensa de su inocencia llegó horas después de acudir al juzgado donde estaba citada como imputada y no «denunciada», como precisó Sor María en su misiva. Lo hizo ayer vestida con el hábito de las hermanas de la Caridad y acompañado de otra religiosa y de su abogado, José María Calero Martínez. Sor María se acogía a su derecho a no declarar, pues tras transcurrir 30 años de los hechos «no recuerda nada y le parece descabellado todo el relato, además está muy frágil de salud», según fuentes judiciales. En cuanto al procedimiento, el abogado ha interpuesto un recurso de apelación contra la resolución del juez que denegaba el archivo de la causa por prescripción.