EL PAISANAJE
Se olía
Mi perro cocker, que trabaja en el sector financiero, rama de seguros, con el alias de «Rastreator», lo habrá visto el lector cientos de veces en la tele, fue el primero en olfatear la burbuja inmobiliaria mientras a Zapatero, Mafo el ex del Banco de España, Rajoy, Rubalcaba, Rato, el fallero Camps y tantos otros no les daba nada en la nariz. «Son demasiadas esquinas y es para mear y no echar gota», me ladró una mañana que lo sacaba de paseo por la Lastra de los agelcos. A un servidor también le olía raro, pero no a Evaristo del Canto, que estudió conmigo en los Maristas y tiene cara de lebrel, a lo mejor porque es de Villamañán o de esa parte. Y por eso lo dejé pasar.
Mi perrín, que en realidad se llama «Duque», nada que ver con la Casa de Alba, tiene por todo patrimonio inmobiliario una caseta de madera de las de a metro cuadrado en la que se cuece en verano y tirita en invierno. Pensaba ponerle aire acondicionado estilo de la del can de Boyer, otro que tal bailaba, pero he tenido que renunciar al proyecto por razones de austeridad presupuestaria. Como alternativa y dado que ninguno de los anteriormente citados va a ir a la cárcel después de dejar al pais en la ruina se me ha ocurrido ahora hacer una campaña para que sean ellos los que duerman en la caseta y mi perrín en La Moncloa. A ver, recogida de firmas. Estaría a juego con el nuevo presidente de Bankia, señor Gorigolzarri, el de jeta de pato que levantó la escandalera. Ya dicen los franceses que para guardar de noche un caserío no hay como un perro y una oca. Además la Merkel, ahora que ha dado gatillazo Sarkozy, seguro que los adopta.
El agujero negro de Bankia es de cuatro billones de pesetas con «b» de burros malas bestias, a los que habrá que añadir otros tantos para salvar Caixa Galicia y varias más. En total tocamos a unos mil euros por españolito —eche usted las cuentas en familia— y eso de momento hasta que aparezcan nuevas auditorías. En la mía la Visa no da para tanto. Uno recuerda que cuando empezaba en esto del periodismo económico, allá en los setenta, el Presupuesto del Estado era de dos billones de pesetinas y el de la Seguridad Social también. Joder, lo que he crecido.
Las cajas de ahorros son el gran pesebre de políticos, sindicalistas, ladrilleros y algún que otro financiero pispo y listo que rima con el nombre de pila del presidente de una que yo me sé. Y que se llevan indemnizaciones multimillonarias cuando se autodespiden o prejubilan. Te han visto, Calixto. Bueno, el nombre no es exactamente éste por aquello de que, encima, te pueden meter una querella que deja a cualquiera baldado en números rojos. Lo que les faltaba a los pobrines míos.
Le he ladrado a mi cocker que cuelgue la gorra, la capa y la lupa de Sherlock Holmes y deje de husmear. «Elemental, Watson», ha conferenciado igualmente Rajoy con Rubalcaba, tapándose la nariz y negándose ambos a una comisión parlamentaria que investigue tanto tufo que atufa. No vea usted la de nombres y cagadas, con perdón, que iban a brillar al sol de los dos partidos. Quieren relegar el asunto a una subcomisión de subsomisionados para que sólo den cuentas ante un subsecretario o algo parecido. Hombre, para eso y ya puestos mejor ante el cabo de la policía municipal, preferiblemente la de Gibraltar, donde no tenemos jurisdicción, aunque se llama a Garzón si hace falta. Si han tenido la cara dura suficiente para encubrir todo lo anterior esto es una desfachatez, si bien es casi seguro que no será la última.
Hay quien opina que es mejor dejarlo así y tirar «palante» para no encabronar aún más a eso tan etéreo que ahora llaman los mercados. Pero mi perro y yo discrepamos, no estamos en el limbo y queremos que se aclare cómo se ha llegado a todo esto. Lo de dejarlo pasar porque la meada, otra vez perdón, sea de uno o muchos perros grandes no va con nosotros. De hecho mi perrico, que no medirá ni dos palmos, cada vez que pasa por una esquina sospechosa levanta la pata, se crece y deja su impronta a mayores para que se entere el can grandullón que fue antes por allí.
Pues eso Mariano y Alfredo, machos, a investigar y a morderse si se tercia a dentelladas, pero que sean limpias. La política siempre ha sido una pelea de perros, estamos acostumbrados y no nos gustan las amañadas. Algunos consideran que son crueles, pero depende. Las de dos patas en modo alguno. Por cierto, lo de Bankia me recuerda que tengo que desparasitar a mi cocker.
Hasta las peores noticias tienen su lado bueno.
A otro perro con ese hueso.