Diario de León

Cuando se abusa del bótox

Una década después de ser aprobado como tratamiento estético desbancando al ‘lifting’ en la lucha contra la arruga, los arrepentidos dan la cara.

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maría duro | madrid
León

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La batalla contra el envejecimiento es un problema que trae de cabeza al ser humano. Martin Scorsese lo sufre, aunque desde el otro lado de la trinchera. El director de cine se queja de lo difícil que es encontrar a actrices que soporten primeros planos con expresiones naturales. Que transmitan emoción, que no se hayan perdido en los excesos del bótox. Tarea que se antoja complicada en un mundo cada vez más competitivo.

De ahí que muchas estrellas de la industria cinematográfica se lanzasen a los brazos de la toxina botulínica tipo A —conocida como bótox—, cuando la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU. aprobó en abril del 2002 (a España llegó en el 2004) su comercialización como tratamiento estético. El efecto es inmediato. A base de infiltraciones con inyecciones se provoca la parálisis del músculo, eliminando así los signos de envejecimiento durante un periodo de entre cuatro y siete meses, dependiendo de cada paciente —matizan los expertos—. Marcó un antes y un después. «La toxina botulínica ha sido toda una revolución en las técnicas minimamente invasivas de la medicina estética», explicó Francisco Gómez, cirujano plástico de la Clínica Ruber de Madrid. En los 90, el lifting había sido la técnica estrella en la lucha contra la arruga, pero hace una década llegó el bótox para desbancarla. Su menor coste (entre 400 y 800 euros por sesión) le facilitó las cosas. «Además es poco molesto, sin apenas efectos secundarios y se obtienen buenos resultados», indicó la presidenta de la Sociedad Española de Medicina Estética, Petra María Vega.

No solo las estrellas se enzarzan en lucha contra el tiempo. Los especialistas señalan que año tras año las inyecciones de toxina son el tratamiento más demandado. Lo que sí ha cambiado en esta década es la media de edad del paciente. El abaratamiento del producto y su popularidad han modificado la tendencia. «Cada vez gente más joven demanda este tipo de tratamientos», explicó Javier Montón, miembro de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética.

Ahora confiensan. A Nicole Kidman le costó varios años confesar lo que las fotografías ponían una y otra vez de manifiesto. «He utilizado bótox, aunque no me ha gustado el resultado. Ahora puedo mover otra vez la frente». Courteney Cox, ex protagonista de la aclamada Friends , también dio la cara: «Una vez me puse demasiado. Me sentía atrapada en propia piel». Tampoco quiere repetir experiencia Kylie Minoge: «Hoy por hoy prefiero ser más natural». Los testimonios de arrepentimiento no son una parcela exclusiva de las celebrities, la falta de expresividad también golpea a las personas de a pie. A la Asociación del Defensor del Paciente llegan numerosos casos por mala praxis. «A muchas les ha costado muy caro. Bultos, cicatrices o parálisis», relata su presidenta, Carmen Flores.

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