CORNADA DE LOBO
Semilocos
En los laboratorios Orfield de Minnesota los científicos han logrado construir una «cámara anecoica» (sin ecos) que absorve el 99’99 % de los sonidos y aseguran que ninguna persona podría permanecer dentro de ella más de una hora sin que ese silencio absoluto le lleve a la locura. Dicen que han hecho pruebas y el que más resistió se rindió a los 45 minutos... dicen que lo único que se oye es el ruido del cuerpo, los latidos, las tripas, las visagras... dicen que entonces el cerebro se desconcierta, vienen náuseas y confusiones... esos científicos lo ponen tremendo.
Pero Amancio Prada y yo tenemos dudas al respecto, porque hemos estado más de tres horas en una cámara «semianecoica» (sin ecos en todos los lados menos uno) y, en consecuencia, deberíamos estar «medio locos»... y no lo parece, aunque tampoco lo tengo yo muy claro. Estuvimos grabando hace unos años con más gente un disco navideño al que nos convocó Chacel en las instalaciones de un centro de investigación del automóvil que hay en el bosque científico de Boecillo, Valladolid mediante. Era por ver cómo sonaban nuestras voces, las guitarras, las sonajas o las percusiones entre unos muros que lo chupan todo y no devuelven nada, como esta nuestra banca en bancarrota, tan anecoica ella.
Se hace difícil comprender que el silencio descomponga la cordura cerebral. No creo a esos científicos. ¿Acaso los sordos la palman por no oir nada?... ¿y Rajoy cuando no oye y se blinda en silencios?... ¿acaban locos los monjes con voto de silencio de por vida que se entierran en una cueva o en un claustro?... bueno, se dan casos, pero el silencio de una biblioteca también ceba sus locuras y demonios razonables.
Le ha dicho Sócrates a Amancio (el día 30 le vemos en el Auditorio): lo que realmente vuelve loca a la gente es el ruido, las voces y el telediario. El silencio es siempre pomada y, si se cuela en él tan solo el hilillo de voz de una fuente en la peña, es una cuna mecida donde el alma se abriga y flota.
Pero hay silencios que nos vuelven locos o bobos. «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena», dijo una vez el Mahatma Gandhi. Y España, muda.