Diario de León
Publicado por
pedro TRAPIELLO
León

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Lo que se hace a mano es siempre irrepetible, único. Puede ser un mismo botijo, una misma firma, un mismo mocasín, pero cada uno tendrá su huella distinta, su detalle propio o error personal... su seña.

El «Bild» alemán publicó hace unos días su portada manuscrita para llamar la atención de un arte, la caligrafía, que agoniza porque la gente ya no escribe a mano, todo es teclado y casi nada huella personalizada.

Más de la mitad de la población no ha escrito a mano absolutamente nada en los últimos seis meses, dice «Bild» (bueno, menos firmar la tarjeta o algún garabato al hablar por teléfono).

La caligrafía es una marca dactilar que dibuja la personalidad de quien escribe y el retrato que hace un grafólogo del individuo proporciona más rasgos que una fotografía. Por su letra les conoceréis. Nuestra letra nos delata.

Dicen los entendidos que la caligrafía es terapéutica, que ayuda a equilibrar la personalidad con su ejercicio de domar las prisas y las formas. En algunas lenguas escribir a mano es dibujar; así lo pide la grafía árabe y, aún más, la china o japonesa que se escribe con pincel y juegos malabares de muñeca para engordar o adelgazar el trazo.

Ignoro qué importancia se le da a la caligrafía hoy en la enseñanza, pero si juzgamos por las pintadas que hacen estos chavales en las paredes vecinas de sus centros, no debe ser una asignatura de mucho esmero. ¿Seguirán al menos escribiendo en su edad del pavo la obligada cuartilla con unos pareados toscos y encendidos a la churri pretendida?... porque tampoco nadie escribe ya cartas y, menos aún, floreadas, aunque en esto las chicas conservan mejor una vieja y adorable tradición de cursilería rotulada.

Dicen que el mejor regalo que se puede hacer es aquel que el destinatario jamás compraría o haría. Por lo mismo, los regalos que tienen alguna utilidad (una minipimer, p.e.), suelen ser casi siempre interesados o malvados.

Pues bien, si hoy te pones y le mandas a un amigo o pariente una carta manuscrita bien caligrafiada y legible, sin duda será el regalo más inesperado y celebrado que pudiera imaginar. En fin, pero si estás vaguete, puedes ir entrenándote con alguna tarjeta postal.

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