CORNADA DE LOBO
Con espoleta
Tenían un dicho rutinario en el bar de suboficiales del cuartel de Gerona donde hice la puta mili; allí se decía que un mes de «capitán de cocina» equivalía a un coche nuevo.
Mi padre creía que Franco había impregnado el Ejército de su honestidad a rajatabla, pero un día se le cayeron los palos del sombrajo y la fe en el Alcázar cuando unos oficiales le encargaron mucho marisco y pescado proponiéndole que habría más pedidos para el cuartel de Almansa si se avenía a «arreglar» las facturas.
Un amigo leonés estuvo trabajando para una empresa americana de seguridad en la guerra de Irak y me dijo que su cometido era controlar a la propia intendencia yanqui, dado el alto nivel de fraude y mala gestión que devoraba el presupuesto, o sea, que el Pentágono contrata a empresas civiles para vigilarse a sí mismo, manda huevos.
¿Y quién se priva de arreglarse el baño de casa con reclutas albañiles o petrolearse el buga en los talleres del cuartel?
El Tribunal de Cuentas ha alucinado hace días con los gastos de Defensa en las misiones militares que tiene España en el extranjero (Afganistán, Líbano, Haití, Chad...) y ha mandado su informe al Congreso cargadito de asombros y sospechas. Un ejemplo: en 2009 se presupuestaron 14 millones, pero se gastaron 700, ¡coñó!, 713 para se exactos, buen margen. O fue cerebro de turuta el que hizo la previsión o fue pura mangarrota el cachondeo en aquellas intendencias y trastiendas.
En fin, las cuentas del Gran Capitán ya nos vienen de los Reyes Católicos.
Sin embargo, no suele verse noticia de corrupción o pelotazo en el estamento militar español. ¿Acaso Defensa ha logrado no contagiarse de esta corrupción que es general?... o generalísima y franca , se diría aquí, una corrupción que en España ha puesto el culo en todo asiento, desde el trono más alto a la silloneta de un pedáneo, desde la silla luisquince del Liceu al butacón bancario de cuero y plumón de oro...
Entre tantísimo gasto militar se hace probable y tentador el pescar atunes con dragaminas... a que sí, mi capitán, o sea, mi Gran Capitán... ¿resistirán sus contables acorazados el asalto del Tribunal de Cuentas?... porque su informe al Congreso lleva espoleta retardada.