EL PAISANAJE
Buen provecho

El Tribunal de Cuentas del Reino ha dictaminado esta semana con muy buen criterio que comidas, caterings y vinos más o menos españoles no son financiables en campaña electoral con subvenciones a los partidos. Coño, he aquí un recorte simpático por fin, si bien la noticia haya pasado casi desapercibida. Señala en su informe el Tribunal que durante las últimas elecciones los políticos se gastaron en barra libre trescientos mil euros, que traducidos a las viejas pesetinas son cincuenta millones. No es que sea mucho, pero dividido entres diez o doce dias de mítines tocan a cinco kilos por jornada. Los hay que piensan que es el chocolate del loro —cágate lorito, cabrón— aunque por algo se empieza.
Ha dicho Rubalcaba, que tiene con el PSOE el veinticinco por ciento del menú, que, hombre, estas cosas se avisan antes porque otras veces no pasaban. Estará empachado de treinta años de política, si bien mantenga la figura del corredor de cien metros lisos que fue antaño antes de pasarse a la maratón. Y Mariano, un ciclista con la pájara, achanta la mui como es característico en él. La media por partido en comilonas de campaña electoral es de treinta mil euros, menos los de Ciutatans per Catalunya, antiindependentistas a tope, que han presentado tickes por sólo ochocientos eurines. A lo mejor eran los únicos que pedían el plato del día. Dan ganas de invitarlos.
Argumenta el Tribunal de Cuentas en nombre de la austeridad que «se impone ajustar los gastos subvencionables a los estrictamente necesarios» y que las campañas electorales no requieren de ágapes «ni para su organización ni para su funcionamiento». Sin tanta prosopopeya uno rejuvenece y recuerda cuando el hermano de Juan Guerra, Alfonso, que era vicepresidente del primer ejecutivo socialista en el ochenta y tres, mandó un télex a todos los gobernadores civiles de la época que más o menos ponía: «este verano sus vais todos a la playa con la señora, los niños, la fiambrera y al pañuelo anudado a la cabeza». Luego con Boyer, Roldán y tal y cual el tema se le desmadró como los fraternales cafelitos.
No sé yo si el actual presidente del Tribunal de Cuentas, que sucede en el cargo a un pariente mío, comerá las uvas de seguir así, aunque, ya puestos, uno hubiera añadido que a la política hay que ir comido. O con el táper. Oiga, si en dos semanas se gastan esa burrada, qué será el resto del año. No multiplique usted salvo que quiera cabrearse, tiene mal vino o le siente mal el café. Y quien dice los partidos lo mismo los sindicatos. ¿Son subvencionables las manifas con autobuses y bocatas contra Rajoy o pagan a escote? Antes se decía que a la catalana, pero eso no vale ahora para el independentismo ruin de Artur Mas, que pagó treinta mil euros por la celebración de la noche electoral en el hotel Majestic Spa y luego pide cinco mil millones de rescate.
Rememorando y así uno también recuerda que cuando Felipe González y compañía echaron del PSOE al exiliado Rodolfo Llopis el contubernio se fraguó en una merienda campestre con Guerra, Rodríguez de la Borbolla y dos más. A aquella incipiente ascensión de los cuatro se le llamó el «pacto de la tortilla» por lo que usted ya supone. La de huevos que ha roto el socialismo de ayer a hoy.
En Italia, donde también están hasta la coronilla de los recortes con permiso de los que reparta de las hostias que le sobran el Santo Padre, los indignados sicilianos han creado el Partido de la Rabia y nombrado candidato a Stéfano, un bulldog de cinco mesicos, al que presentan con el lema «mejor un perro político que un político perro». Dicen que las plazas y las tabernas de Sicilia están empapeladas con fotografías de Stéfano para las elecciones de dentro de una semana. La pose perruna es la clásica: mirada fija al cartel y hasta corbata el cuello. Podría pasar por uno del PP o del PSOE. Guau.
En casa tengo un cocker de nombre desmesurado Duque, que es apartidista y me ladró ayer para que siguiera el consejo de Franco a sus ministros: «haced como yo y no os metais en política». Como está bien alimentado no hay quien lo saque de la caseta, aparte de que tiene la antirrábica contra este Gobierno y no digamos los de Zapatero. Está tan vacunado o más que el amo y eso siempre se nota. Los niños y los perros, ya se sabe, lo que ven en casa y por eso hay tanta raza peligrosa por ahí enseñando los dientes a dos y cuatro patas.
Por último, un consejo médico a cuenta del Tribunal de Cuentas.
Si le da a usted alto el colesterol, bórrese del partido.