CORNADA DE LOBO
Ser nadie
Toribio Santos Almendralejo tendrá al fin el gran asunto de su novela esperada, junto a la gloria literaria a la que aspira por dos razones que cree fundadas: es extremeño modosito y es primo de Cercas.
El argumento se escribió hace días en el pueblón madrileño de Ciempozuelos (25.000 habitantes). Resumido: sale de la cárcel un hombre de 48 años tras cumplir una condena de siete por haber violado a la hermana de su mujer, se dirige a casa, llama a la puerta, no abren, supone que su mujer ha de estar dentro, insiste, nada, abre de una patada, recorre el piso, entra en el dormitorio y, oh, aggg... sobre la cama yace muerta su mujer, pero consumida y momificada llevaba más de dos años fallecida... contaba más cosas la noticia: que a la mujer le denegaron plaza en una residencia, que a raíz de quitarle a su hija no resistió tres meses, que murió de hambre, de depresión o de puto asco, en fin, que se echó a morir... y que nadie se dio cuenta, pues sus otros hijos no iban a verla desde alguna discusión tremenda... y tampoco los vecinos se percataron de nada, aunque declararon que en verano no había quien cruzara el descansillo de la escalera sin taparse la nariz del hedor que emanaba el piso... una vez la poli quiso entrar, pero el juez lo denegó.
Aquella mujer no tuvo a nadie que la echara en falta. Nadie preguntó por ella.
Toribio Santos hará recaer la trama narrativa de su novela sobre algunas paradojas y enigmas: estando en líos y papeles, ¿nadie la requirió o la notificó o la buscó?, ¿ni siquiera los de la contribución o de algún banco?... y estando su buzón a reventar de cartas y propaganda, ¿ningún vecino lo tomó por cosa rara?... ¿y aquel pestazo no inquietaba?... ¿absolutamente nadie se extrañó de ausencias o silencios?... quizá sí, pero ocurrió que a nadie le importaba o interesaba esa mujer o lo que ocurriera en aquella casa... era nadie.
Ahora viene lo peor de traer asuntos así a comentario, pues se espera aquí una moraleja o algo sentencioso.
Y no se me ocurre nada. Este es simplemente un episodio más del anonimato urbano, del sin nombre en la colmena.
Sólo supongo que esa mujer murió ya antes de morir al ver que nadie la echaba de menos. Eso fue.