CORNADA DE LOBO
Moisés Casinadie
Tienen la estampa serena y casi cínica de los que están de vuelta de todo. Gastan boinas de mucho alero, calado y sombra. Son dos paisanos sorianos añosos y hechos de barro viejo, de resabios nuevos y de sentido común. Y son ya dos estrellas fugaces de las redes digitales al circular intensamente días atrás un video que se grabó hace cinco años y que resultó ser profético al advertir ya entonces estos dos vecinos de Valdegeña (al pie del Moncayo) que la cosa del debe/haber -la economía- se pondría muy fea, que ya se lo decía un tío suyo a Isidro Cirián: no hay bien que siempre dure... y de lo malo a lo bueno se va bien, pero de lo bueno a lo malo, ¡ay qué mal se va a ir!... y es lo que va a venir... lo que va a venir », insistió... y miren si vino.
Su compadre de reportaje se presenta con un jovial me llamo Moisés Casinadie ... la primera, en la frente... es un raro apellidar o apodarse... provoca estupor o risueña compasión... pero es un guantazo de humildad directo a los morros... ¡Casinadie! ... lo dijo con naturalidad y claro orgullo porque en su vida sólo cupo un año y medio de escuela y arreó ya de crío entre rebaños y afanes... pero oyendo y viendo a este ágil vejete sentado en un poyo de piedra contra pared de muro, con una pata en garabito y sin dejar de sobar una vara nervuda, relajado y cantando verdades de barquero, uno se convence de que su humilde Casinadie es ya un gran título de nobleza comparado con el rebaño de Nadies absolutos que somos todos los demás (le verás si pinchas por ahí «Se veía venir»).
La cosa es que esas imágenes pertenecen a un video rodado en ese pueblo de Soria para que evocaran sus paisanos la figura de un hijo ilustre y grande, Avelino Hernández Lucas, tipo excepcional, averiguador, soñador, activista, pensador, alto cargo en administraciones públicas, escritor de finura, paisano entrañado en el barro popular y en los clásicos, rebelde, viajero de interiores, gran memoria, recto juicio, sentimental e insobornable... y su boina era casi tan grande como la que lucen esos dos paisanos suyos (no la apeó ni pisando el mármol del poder)... viniendo de ese pueblo y de entre esa gente, se explica por qué Avelino tenía una honda sencillez y una bondad infatigable.