EL PAISANAJE
Belén es poco

Este año el belén de casa, dos con el que me dejó Zapatero, es un desastre aunque cumple su función de unir a la familia. El primero, no el segundo. De entrada el pesebre se perdió en algún rincón del desván sin que ningún político me prestara el suyo, así que el Niño Dios además de pobre es un sin techo. En cuanto a San José llevaba todo el año en el paro y de la Virgen me ha dicho una progre que, si el otro no pintaba nada, era madre soltera de familia monoparental como ella, será capulla. Respecto al resto de las figuritas, incluidos los reyes magos, algunos entienden por camellos lo mismo que el señor comisario. A las lavanderas, pastores, ovejinas y demás voy a solicitarles una pensión de dependencia, porque la que no es coja le falta un brazo.
Ésta es una Navidad tremendamente fría en muchos hogares gracias al desparpajo con que una clase política por encima del bien y del mal administra los denarios públicos como botín propio. Esto también va a misa y, si no ha cambiado en dos mil años, no lo va a hacer ahora. Observe usted las peleas por un pesebre.
Algo que duele especialmente es que tomen al personal por creyentes idiotas, sobre todo los que en Cataluña brindan con cava para abrigar corrupciones a manta y nunca mejor dicho en invierno. De la buena nueva de la lucha contra el paro o la bajada de impuestos no se sabe nada. Cada uno a lo suyo, que no es poco. Medita uno que el Niño nació como un charnego en Belén, precisamente porque iban a censarlo por orden del emperador Augusto, lo que hubiera sido resuelto por Artur Mas con un «apúntate en Cataluña, Nen, y tendrás futuro». En los siguientes treinta y tres años no, desde luego, y ya se sabe cómo acabó la historia.
Los nacimientos nos ponen a algunos sentimentales entre cabreo y cabreo. Escuchas las noticias y no hablan más que bobadas sobre primas de riesgo. De las cenas con cuñadas en Nochebuena no dicen nada. Y de los parientes colocados de funcionarios en alguna administración pública tampoco. Desde Pilatos, que ni fu ni fa, y así va el mundo.
Espero que mañana en su discurso navideño el Rey agarre el toro por los cuernos —perdone su majestad por señalar tan alto— y empiece algo del estilo de «a ver cómo salimos de ésta». Y que no se refiera exactamente a sus deslices de cadera o los de su yerno Urdangarín, otro pastor que se creyó con derecho a pernada por entrar en la sagrada familia. Digo yo que su papá, expresidente de una caja de ahorros en el País Vasco, habrá tenido la decencia, por lo menos, de borrarse del PNV. O no, porque estos también son democratacristianos y de misa de gallo, eso cuando a las tantas no se tiran al monte.
Perdónese el pesimismo, pero uno es un optimista bien informado. En el PP cuidan el pesebre, como ya se dijo, y en el PSOE están a degüello por lo mismo, santos inocentes. Cogen el dinero donde pillan y corren siguiendo la estrella de Caja España, que esa es otra. A mi portal de belén no ha llegado ninguno y con eso está dicho todo. No sé si Botín, al que en todas las crisis se le aparece la Virgen, tendrá de lavandero de pasta gansa a alguno.
Las cosas están tan confusas que hasta el Papa ha dicho que el Niño Dios no se calentó con la mula y el buey. Coño, sería con Iberdrola. Los alemanes cuando se ponen burros son como bestias, pero servidor en casa guarda como oro en paño a los dos pobres animalicos. Incienso y mirra a la Merkel. Así vamos tirando en España.
Según el calendario maya el último viernes debería haber llegado el fin del mundo con la leche de asteroides y trompetería del juicio final. Parece ser que libramos aunque quién sabe si sólo fue por un pelín. Otros lo fiaban a la lotería de ayer, que tampoco me ha tocado y sobrevivo. No hay que creer en el horóscopo, si lo sabré yo que los manipulaba todos en este periodiquín cambiando el mejor pronóstico de futuro para mí (capricornio). También dice el Papa con mente teutona que la estrella de Belén pudo ser una supernova brillante que pasaba cada equis años y cuadró con los estertores del imperio romano. Joder, qué caída a manos de los bárbaros como los chinos de ahora.
Para otros augures lo de las tablillas mayas no se refería al fin del mundo, sino a un cambio de ciclo. «¿Va a volver Zapatero?», le amenacé muy serio a uno. «No viene en las cartas astrales porque habría que barajar mucho, digáselo a Rubalcaba, que está medio poseído», le dejé los seis euros en el cepillo.
Y le di otros tantos para que me devolviera a cuando Franco.
Aunque me caiga muy a la izquierda.