Diario de León
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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Con el «nadie es profeta en su tierra» Jesús expresaba su desencanto para con sus paisanos. Se hacía realidad el lamento del evangelio de Juan: «vino a los suyos y los suyos no le recibieron». ¿Se repite la historia con nosotros?. Porque seguimos sin poner en práctica los mandamientos de Jesús. A pesar de todo, el Dios de Jesús está con nosotros. Para los judíos y para nosotros, que tenemos una altísima idea de Dios, resulta fácil prescindir de ese Dios o vivir como si Dios no existiera, porque lo vemos lejos. En nuestro egoísmo dejamos el cielo para Dios y sus ángeles, con tal de que el mundo sea nuestro. Sin embargo decimos que Jesús es Dios, que se hizo hombre y quepuso su morada entre nosotros. Esas afirmaciones son inquietantes, porque no es difícil creer que Dios está allá arriba, pero es muy comprometedor reconocer que Dios se ha hecho hombre, prójimo. A Dios nadie lo ha visto, pero al prójimo no podemos apartarlo de nuestros ojos. Y es tremendo tropezarse con Dios en nuestro prójimo y no darnos cuenta.

Como cristianos, tenemos que hacer que se cumpla hoy la Escritura que anuncia la buena noticia a los pobres. Ese anuncio no es ir sermoneando y diciendo a los demás lo que tienen que hacer; es ir haciendo lo que Jesús nos manda: amarnos los unos a los otros, como él nos ha amado. El amor efectivo, y no el lenguaje sobre el amor, es la buena noticia para un mundo que se ahoga en el desamor y la indiferencia.

Nosotros conocemos a Dios, porque lo sentimos en la entrega de su Hijo. Sólo podemos dar a conocer a Dios por el amor. En esto, dice Jesús, conocerán que sois discípulos míos. Sólo la práctica del amor cristiano, es decir, como Cristo, puede dar a conocer a Dios al mundo. La práctica del amor vale más que toda otra cosa, como los destaca la 2ª lectura de este domingo. A veces, cuando hablamos del amor, hablamos como de algo sólo sentimental, alejado de la vida diaria. No es así. Por eso se nos recuerda que «el amor es paciente, afable; no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta, no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad; el amor disculpa, cree, espera y aguanta sin límites». Amar es una cosa seria. Y llena de felicidad, de mucha felicidad, pero exige esfuerzo, renuncias, conversión... Exige ganas y voluntad, con el convencimiento que sólo así la vida merecerá la pena.

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