Gente de aquí | Aventura solidaria en África central
Viaje por salud a Rey Bouba
Dos leonesas montan el laboratorio del nuevo Hospital de la Fundación Mayo Rey en una aldea de 40.000 habitantes situada al norte de Camerún.

Una cooperante, Asunción González y Patricia de la Fuente, con vecinas de Rey Bouba.
El Lamidato de Rey Bouba, una aldea de 40.000 habitantes del Norte de Camerún, dispone ya de un laboratorio médico para efectuar decenas de pruebas diagnósticas a su población gracias al impulso de dos leonesas: la farmacéutica Asunción González González, de 28 años, y la bióloga Patricia de la Fuente Alonso, de 29. Ambas pusieron en marcha un pequeño local de 16 metros cuadrados dentro del nuevo hospital de la Fundación Mayo Rey que permitirá a Dounia, un joven de 24 años al que formaron en el manejo de los nuevos aparatos, detectar hepatitis, malarias, sífilis, fiebres tifoideas, VIH o gota gruesa, y efectuar test de sangre, orina, embarazos y selles.
Estas dos residentes de Análisis Clínicos en el Hospital Universitario de Burgos decidieron enrolarse en la aventura centroafricana sin importarles volar trece horas a bordo de dos aviones que recalaron en Douala y Garoua, y seguir en jeep cinco horas más por caminos de tierra para alcanzar su destino.
Al llegar, una nube de niños de ojos expectantes que jugaban con ruedas de caucho y palos les dieron la bienvenida a un poblado de típicas construcciones redondas de barro y tejados de paja. Oyeron sus primeras palabras de fulfulde (la lengua local) y pernoctaron en la Casa de los Doctores, dentro del recinto del hospital, «que era como estar de guardia 24 horas los 21 días», explican. La gente venía andando desde pueblos situados a 30 kilómetros, «a veces solo para que el blanco les dijera que estaban bien», comentan. Esa confianza les permitió atender su primer parto y ‘salvar’ a Yaya, un pequeño de 1 año del pueblo de los Bororos al que facilitaban la medicación a la boca con una jeringuilla.
Comer en Camerún resultó toda una experiencia. El Lamido (Rey) les facilitaba «arroz y algo de carne de dudoso origen al mediodía y arroz, pasta o batata para cenar. Allí comprábamos café, leche en polvo y pan para desayunar. Los campamentos de cazadores cercanos al hospital nos enviaron tres patas de búfala, que una vez que aprendimos a cocinarla estaba buenísima», bromean. A ambas jóvenes les impresionó, sobre todo, el afecto y las risas de los vecinos, que se acercaban a ellas en cuanto salían del hospital para dar una vuelta, ya que «los blancos o nasara somos muy respetados y además contamos con el respaldo del Lamido y los militares. Alguna tarde íbamos al bar de Madelaine, a tomar una cerveza o un pamplemousse (refresco de pomelo típico de allí), que con suerte estaban algo fríos. También pasamos buenos ratos en la sala de espera del hospital, que era nuestra terraza, tomando cervezas y comiendo cecina de León que, por supuesto, llevamos».
Otra sorpresa fue la visita de las autoridades (el Lamido, el prefecto y el subprefecto), con sus correspondientes comitivas, para expresarlas su admiración e invitarlas a sus aldeas. Así fueron a Tchollire, donde conocieron el hospital y fueron obsequiadas con arroz y carne.
Las dos leonesas regresaron a España hace quince días con «la sensación del trabajo bien hecho», y un profundo agradecimiento al equipo que viajó con ellas a Rey Bouba, integrado por un médico, tres enfermeras, dos ginecólogas, una anestesista y un oftalmólogo. Recuerdan con afecto, además, a las tres religiosas enfermeras que están a cargo del hospital permanentemente.