cornada de lobo
Dos caras y curas
Toda realidad tiene tres dimensiones o, al menos, dos caras. La humilde iglesia de adobe de tu pueblo no se parece en nada a una basílica romana, pero el credo que pregonan sus campanas es el mismo... siempre hubo iglesia rica y pobre, un templo despampanante y una ermita como palomar, vírgenes de oro y santos de palo, monseñores calzando pradas y frailes descalzos o limosneros... a veces hay que hacer mucho esfuerzo para entender que todos son la misma iglesia.
La iglesia de Ojo de Agua (en Saltillo, Méjico) es normalucha, luminosa y muy repintada en rosa sobre blanco encalado, muy al gusto horterilla y popular... pero tiene un párroco ocurrente (se llama Humberto Álvarez y juégome el hisopu a que ye descendiente de algún asturcazurro), un cura que hace por la fe lo que el Vaticano deshace con sus intrigas, pues para atraer a misa a los rapaces y jóvenes ha estampado en las casullas y estolas a los mitos del cómic, supermanes, batmans, spidermans... y con una pistola de agua forrada con un rosario les echa el agua bendita a las criaturas... ¡anda que no se lo pasan bien!... y hasta soñarán que un día la pila bautismal se convierta en piscina... su obispo no le ha reprochado al preste estas alegrías, pero algunos feligreses tiesos se escandalizan y se van de su parroquia... pues mira qué bien, las gallinas que salen por las que entran, diría el cura Mota.
Sócrates insiste mucho en que la iglesia de las alturas y jerarquías es una cosa y otra bien distinta la iglesia que se sienta en el banco corrido, la que oye y calla. Los fieles creen en Dios con fe ciega, pero ¿y el clero de fe clara?... recuerda lo que confesaba aquel obispo tarraconense: el sesenta por ciento de mi clero diocesano no cree en Dios .
Curas como el de Ojo de Agua demuestran que el pueblo llano es el que hace iglesia y sólo estando a su lado y en su aire podrán retenerlo en el redil... a los liturgistas de Roma no les hará ninguna gracia, pero tampoco se la hace la curiosa liturgia de los kikos y ni se atreven a toserles ante su crecimiento en prosélitos y el peso vaticano que les dieron los dos últimos papas (ahora, junto a los legionarios , temen perder favor con el nuevo pontífice).