CORNADA DE LOBO
A conciliar
Temprano, mejor que tarde, tendrá que convocar un concilio vaticano el nuevo papa... es de todo punto obligado y urgente «o la Iglesia católica corre el serio riesgo de acabar convertida en una secta despoblada», ha venido a decir Hans Küng, el reprobado teólogo holandés.
Dicen que se elegirá pronto al nuevo pontífice... chi lo sa ... y este asunto será matraca noticiera mundial todo este tiempo hasta que la fumata bianca despierte esperanzas en unos, temores en otros, incógnitas en todos y asepsias en la mayoría... ¡cinco mil! periodistas se han acreditado en Roma para cubrir este «evento», así que estos días estarán preñados informativamente desde la piazza di San Pietro ...
Concilio al canto, pues... hay materia, hay que reformar y regenerar, hay divisiones flagrantes, hay también mucha esperanza y fe ciega, hay controversia, hay porquería y cascote bajo el mármol basilical, hay ganas en la base de revisar conceptos como celibato, anticoncepción, sacerdocio femenino e, incluso, homosexualidad, hay mucha tela que cortar para hacerse un nuevo traje, hay signos y riquezas que habrían de discutirse, hay runrún y desasosiego, hay delitos a purgar y pecadores purpurados que lastran el honor eclesial y la credibilidad del propio mensaje evangélico... hay, hay... ay, ay...
Los más confiados apuntan y esperan que ese conciclio, además, debería estar abierto no sólo a los obispos, sino al clero, a los teólogos, a los propios fieles... y abundando aún más en la noción ecuménica con la que se definió el Vaticano II, deberían concurrir esta vez representaciones de otras iglesias cristianas (vaya lío) y hasta otras religiones (¿alianza de credos «civilizados»?, imposible), pues andan todas en la misma zozobra ante los nuevos tiempos... aunque se generaliza la duda de que una regeneración ética de la sociedad pueda insuflarse desde la concepción fundamentalista o situación corrupta en las que naufragan algunas iglesias y confesiones.
En cualquier caso, es innegable que se necesita conciliar... que se lo digan a los socialistas, aunque en su seno un concilio hoy puede ser más estrambótico que «la toma de Azadinos».