Gente de aquí | Las luces y las sombras del clan de Rumasa
Ruiz-Mateos, ‘Una familia ideal’
El abogado del fundador de Rumasa, Joaquín Yvancos, asegura en su libro que . Ruiz-Mateos llegó a decirle: «Si tienes que meter a mis hijos en la cárcel, los metes».
Durante varias décadas, el empresario José María Ruiz-Mateos protagonizó hilarantes portadas, titulares efectistas y fotos de una teatralidad abrumadora. Se convirtió en fuente inagotable para los medios de comunicación, que se nutrieron de cada extravagancia cincelada por uno de los personajes que mejor ha sabido aprovechar el impacto en la opinión pública para su causa.
Pero a pesar de su exposición mediática, son pocos quienes conocieron realmente a la persona detrás del personaje, ya fuera con la careta del empresario carismático o del eurodipado que trató de impedir la primera Guerra del Golfo reuniéndose con Sadam Husssein y consiguiendo incluso la mediación del Vaticano. Uno de ellos fue el abogado de la familia durante 27 años, Joaquín Yvancos, quien relata en su libro ‘Una familia ideal. Escándalos, traiciones y quiebras de los Ruiz-Mateos’ (Espasa), las luces y sombras de su historia desde los orígenes de la antigua Rumasa y su expropiación, hasta la creación de Nueva Rumasa y su declive personal y familiar.
—¿Cómo es Ruiz-Mateos de cerca?
—Era una persona sumamente agradable, que respetaba y que, sobre todo nunca tomaba decisiones por su cuenta. Siempre consultaba, consultaba y consultaba, aunque la última decisión fuese la suya, por eso se hacía con la gente. Tenía don de mando, te podía poner un grito pero luego tenía mucha mano izquierda. Es un hombre que llegaba a la gente pero que no tenía amigos. Conocía a mucha gente, le gustaba tratarlos, pero éramos muy pocos, unas cinco personas, a quienes él consideraba amigos.
—¿Cómo era el Ruiz-Mateos hombre de negocios?
—Fue un hombre capaz de comprar desde la cárcel una empresa. Era la primera empresita, una cava muy pequeñita de Barcelona y el señor fue a la cárcel a verlo y allí mismo la compró. A un tío que está en la cárcel, que no tenía nada a su nombre y se la vendió, a pagar en cinco años.
—Era un lince para los negocios y lo supo aprovechar.
—Algunas experiencias empresariales darían para un guion de ‘Los Soprano’ El mundo empresarial se parece en cierto modo a la forma de actuar de una mafia y nos hemos llegado a encontrar en un hotel de las Bahamas con unos matones que nos sacaron las pistolas para robarnos las escrituras de una empresa. Es cierto que utilizaba métodos no muy bien vistos y que incluso rozaban la legalidad, pero no hacía nada distinto a lo que hiciera ningún empresario de su época. Hablamos de una generación del final del franquismo, del boom económico español que se dio cuando la contabilidad B era lo normal, cuando hasta los bancos tenían contabilidad B.
—¿Cuál ha sido siempre el objetivo final de su encarnizada lucha?
—Centrarse en la Vieja Rumasa, en que la devolvieran. Y siempre se lo decía a sus hijos: «El mejor negocio que podemos hacer es que nos devuelvan lo que nos quitaron». Lo otro lo hacía porque era empresario, salían oportunidades y otras cositas pero no quería perder el norte. Compró el Rayo no porque le interesara el fútbol sino porque Jesús Gil le dijo: «Jose María, estás perdiendo el tiempo. Compras una empresa, llamas a los periodistas y vienen dos, pero eres dueño de un equipo de fútbol y todos los días tienes a 50 y convocas una rueda de prensa y les tienes a todos allí»
—Y al final, ¿el enemigo estaba en casa?
—Sus hijos han destrozado un imperio, han dejado de pagar a más de 5.000 proveedores, más de 10.000 puestos de trabajo se han perdido y más de cinco mil ‘pasivistas’ que confiaron sus ahorros, gente de entre 60 y 80 años de la generación del padre que lo han perdido todo. La injusticia que han cometido con él sus hijos la han cometido con 5.000 familias. Alguna vez incluso vino a mi casa cuando ya estaba fuera y me lo pidió: «Por favor Joaquín, haz lo que sea para que yo no pase a la historia como un estafador y, si tienes que meter a mis hijos en la cárcel, los metes».