Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En:

Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

El texto del evangelio es un discurso de despedida: Jesús se prepara para ir al Padre. En este momento, Jesús promete a los que crean la venida de Dios y el envío del Espíritu, que les enseñará todo. Los discípulos entendieron bien el anuncio de esta partida y se turbaron. Jesús les tranquiliza: se va, pero volverá. Sin embargo, la joven Iglesia se verá envuelta en tensiones, porque tendrá que creer en Jesús sin verle. Esto no debe acobardar a los discípulos, ya que Cristo les da una paz que es la del mismo Dios: la alegría de saber que Cristo glorificado está a la derecha del Padre, de conocer con profundidad las enseñanzas de Jesús, de estar habitados por la Trinidad. Esta alegría no es la que el mundo entiende, como tampoco entiende la paz deseada por Jesús antes de irse. Es una alegría en el sufrimiento y es una paz en medio de la lucha; pero es una segura realidad de esperanza para cuantos creen en Cristo vencedor.

Jesús, según costumbre judía, se despide de los discípulos diciendo: «la paz os dejo», pero inmediatamente añade: «mi paz os doy». Con lo que distingue entre su paz y otros modos de entender la paz. Para muchos la paz no es más que la ausencia de la guerra, que no excluye la carrera de armamento y hasta la supone, pues «el que quiere la paz prepara la guerra». Para otros es un equilibrio de fuerzas entre bloques que se temen y, sólo por eso, se respetan. Otros consideran la paz como resultado de una victoria aplastante sobre el enemigo, al que someten, o como «pacificación» por las armas y dominio del más fuerte. Una gran mayoría de «honrados ciudadanos» sólo quieren vivir en paz o que les dejen en paz, pero la entienden como tranquilidad para hacer sus negocios y vivir despreocupados de todo cuidado altruista. Pero hay otros que piensan que la paz es fruto de la justicia y que no habrá paz hasta que no se dé a cada uno lo suyo. Aparte de que eso es muy difícil (siempre queremos ser o tener un poco más que los demás), los que quieren primero y a toda costa la justicia no se ven libres muchas veces de la violencia.

«Mi paz os doy». La paz de Jesús es la paz de Dios, una paz que este mundo no puede dar. Es una paz que se funda en el amor, que lo da todo, que lo comparte todo, que no busca lo que es suyo y que todo lo perdona. Y en este sentido es una paz que supera la ley, la colma y excede y va más allá de lo justo. Por eso los que aman son los que construyen la paz. Esta es la paz que nos reconcilia con Dios en Jesucristo, no en virtud de nuestras buenas obras o de nuestros méritos, sino por pura gracia. Sabiendo que Dios nos acepta por amor, sabiendo que Dios perdona a los pecadores. Los que creen en ese amor se empujados a perdonar a los que les ofenden y a reconciliarse con todos los hombres.

tracking