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ROSA VILLACASTÍN
León

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Me dirijo a Marbella con el corazón en un puño, pensando qué sorpresas nos deparara el verano, si los brotes verdes que anuncia de Guindos serán reales o producto de su imaginación. Con tan oscuros pensamientos abandono el AVE, y me dirijo a la puerta de salida de la estación de Málaga donde casi tropiezo con un empresario amigo, que de momento no aparece en las listas de Bárcenas, lo cual ya es casi un milagro. Viendo mi cara de angustia, se acerca para preguntarme si necesito algo. Le digo que no es nada que no pueda curarse con unos bañitos en el Mediterráneo, pero que con la que está cayendo me horroriza abandonar Madrid, no sea que vaya a producirse alguna noticia importante y me coja en la playa. El hombre enseguida me tranquilizó con un argumento irrefutable: «Mira niña, si Aznar, que viaja, que se mueve por entre la élite de las finanzas mundiales, que sabe un minuto antes lo que el resto de los mortales ignoramos, corre cada mañana con sus escoltas por Guadalmina, es que podemos veranear tranquilos». Tuve que pararme en seco para ver que la persona que estaba a mi lado era de carne y hueso, y no un ángel de la guarda. El efecto de sus palabras fue inmediato pues comencé a sentir que la opresión que llevaba días sintiendo en el pecho desaparecía. Y todo por la clarividencia de un hombre-hombre, que ha sabido hacer negocios sin que ningún juez tenga que llamarle a capítulo. Ya en Marbella me dirigí a mi restaurante favorito «El Ancla», para comprobar si el mar estaba en calma, y los rusos tumbados en sus hamacas. Sin novedad, me dijo Manolo el aparcacoches, cosa que me tranquilizó bastante pero mucho más cuando salió otro Manolo, el gran cocinero y me contó que el sábado anterior habían servido 250 comidas y otras tantas por la noche, señal inequívoca de que en Marbella se puede cantar eso de «Aquí no hay crisis», y si la hay, que la hay, no se aprecia por el empeño de los políticos en mantener la ciudad limpia como los chorros del oro, de los empresarios y de los trabajadores por ofrecer lo mejor de la Costa, buen clima, buena comida, lujo para el que pueda pagarlo y diversión a granel.

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