El papa Francisco viaja al volcán juvenil de Brasil
. El Pontífice vuelve a Latinoamérica a unas JMJ que coinciden con las protestas en el país.

Un grupo de daneses, a su llegada a Brasil.
Será hoy, ya como Francisco, cuando por fin regresará a Latinoamérica, a Río de Janeiro, en su primer viaje internacional para presidir las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).
La expectación con el largo viaje a Río, del 22 al 29 de julio y en su territorio, ante 1,5 millones de jóvenes previstos, es muy alta. El Papa sale por fin de Roma hacia la ‘periferia’, uno de sus términos favoritos, y a Brasil, donde viven el 44% de los católicos del planeta.
El viaje a Brasil es el primer gran acontecimiento mediático de su pontificado y donde puede producirse la consagración definitiva de su programa con un eco mundial. Porque a la visita se ha sumado un imprevisto cariz político. Cae en plena sublevación popular, precisamente protagonizada por jóvenes, contra los despilfarros del Gobierno en el Mundial de fútbol, la corrupción y la impunidad, mientras la gente no llega a fin de mes. Es una protesta que en realidad está en plena sintonía con el mensaje del Papa argentino, con una nueva fase de mayor atención a lo social que se abre en la Iglesia católica
El resultado de esta chispa, este contacto de Francisco con las movilizaciones masivas de los brasileños es un gran interrogante que espera al viaje y cuya respuesta en realidad supera las fronteras del país. Los obispos brasileños ya se han colocado del lado de las protestas, «contra estructuras de poder que hieren la vida y violan la dignidad humana», como ha escrito su presidente Raymundo Damasceno Assis. Es decir, en Río está en juego el papel político que puede desempeñar Bergoglio a nivel mundial, y servirá para comprobar hasta qué punto lo acepta o incluso lo busca.
No es casualidad que el mundo político latinoamericano se esté movilizando para estar presente, algo realmente insólito en estos actos, donde solo suelen asistir, si lo hacen, las autoridades locales. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha invitado a todos sus colegas del continente a participar en los actos del Papa. Aún no se sabe quién asistirá, pero dirigentes de países hostiles a la política y al capitalismo que representa Estados Unidos, como Cuba, Venezuela, Ecuador o Nicaragua, pueden estar sentados en Río asintiendo a las palabras del Papa.