Gente de allí | Elecciones en Noruega
¿Primer ministro o taxista?
El laborista agita la recién iniciada campaña electoral con un vídeo en el que recorre en coche las calles de Oslo para charlar con los pasajeros.

Jens Stoltenberg, en un momento del vídeo, charla amistosamente con las pasajeras.
Vestido con uniforme, gafas de sol y con un carné de chófer en la solapa, Stoltenberg recorrió de incógnito una tarde de junio las calles de Oslo haciéndose pasar por taxista para charlar con los pasajeros, que acabaron por reconocerlo, sobre asuntos cotidianos y de política.
El vídeo, grabado con cámara oculta, forma parte de un proyecto ideado por una firma publicitaria, que se ocupó de contactar a parte de los pasajeros sin revelarles quién sería el conductor, mientras que otros fueron escogidos de forma casual.
En menos de 24 horas, la grabación recibió más de 350.000 visitas en la página del Partido Laborista noruego.
«Es importante para mí oír qué opina la gente en realidad. Y si hay un lugar donde la gente realmente dice lo que piensa por encima de todo es en un taxi», dice Stoltenberg en el vídeo.
La idea es usar las grabaciones para un vídeo electoral, siempre que los pasajeros den su consentimiento sobre una experiencia que el líder laborista calificó de «fantástica».
Los medios noruegos alabaron el ingenioso truco del partido en el poder para atraer la atención en la campaña para las elecciones legislativas del 9 de septiembre, aunque algunos no han dejado de criticar lo que consideran un intento desesperado por remontar unos sondeos muy adversos.
El Partido Laborista, que gobierna desde 2005 con Stoltenberg al frente, podría perder su condición de fuerza mayoritaria, que los sondeos otorgan a los conservadores de Erna Solberg.
A la espera del resultado concreto de la apuesta laborista, Stoltenberg, de 54 años, ha logrado de momento acaparar la atención con un golpe de efecto.
Pero el líder laborista ya ha advertido de que, en caso de derrota, no ejercerá de taxista, bromeando con sus dificultades para evitar los frenazos bruscos en un coche con cambio automático.
«Creo que tanto al país como a los pasajeros noruegos le serviría más que yo fuera primer ministro y no taxista», admitió.