Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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En el centro del verano ha nacido una nueva estrella mediática. El ex gerente del Partido Popular Cristóval Páez, que también es amigo de su maestro mágico Bárcenas, ha admitido ante el juez Pablo Ruz algunos pagos en billetes de 500 euros y en dinero negro, negrísimo.

Algo es algo y menos da una piedra de mechero para atizar el fuego en la calle Génova. Curiosamente, el efímero ex tesorero, que duró menos que un porro en la puerta de un colegio, se proclama enemigo fiel de su antecesor en el productivo cargo. ¿Qué tendrán algunos sillones para que a todos los que se sientan en ellos les huele el culo a pólvora?

Por la parte que les toca, que no puede compararse con la que se sospecha que les tocó en la lotería popular, los señores Arenas y Cascos admiten su falta de control en las donaciones. ¿Quiénes son ellos, por mucho que manden, para mandar ponerle tasas a la generosidad de sus congéneres?

Si hay personas tan dadivosas que se desprenden de grandes sumas y ocultan su nombre, debemos atribuirlo a la encantadora virtud de la modestia.

Piensa bien y acertarás, que dijo aquel sabio que estaba en el limbo, pero desgraciadamente abundan los terrícolas que están convencidos de que las donaciones a los partidos políticos son inversiones y el que da dinero es porque confía en recibir mucho más.

Un piadoso alzhéimer aflige a todos los que el juez Ruz cita a declarar. A nadie le consta nada y nadie se acuerda de nada.

El extesorero Páez cobraba uno de los diez sueldos más altos de su pródigo partido cuando María Dolores de Cospedal le despidió con cajas B destempladas. Fue indemnizado, porque alegó «discriminación ideológica». Dos años después fue imputado en el follón valenciano de la Gürtel por delito electoral.

Nuestra admiración por los jueces que interrogan a los políticos aumenta cada día. Llegará el momento en el que acudan al juzgado con armadura por mucho calor que haga. Sus carteras peligran.

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