Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

Al funeral por los seis mineros muertos en Santa Lucía de Gordón fue el obispo don Julián López, alias «monseñor Juli» por el torero de origen de su misma tierra salmantina, pero no se vio por allí a nadie del Gobierno, si se exceptúa en el hospital, por si acaso, al ministro de Industria, señor Soria, un canario al que muchos picadores quisieran meter en la jaula antes de bajar al pozo como hacían ya sus abuelos con el pájaro para detectar el grisú: si el canario emplumado las palmaba todos arriba otra vez. Para Soria seguramente son leyendas urbanas.

Oiga, con seis fiambres qué menos de presidir el velatorio un presidente de Gobierno como Rajoy, o si me apura, hasta el Rey. Ya se sabe que los mineros son muy suyos, pero hay circustancias en las que debe darse la cara aun a riesgo de que te la partan porque eso va en la nómina de los políticos. Martín Villa cuando era vicepresidente solía decir al llevarle el periódico del desayuno «a ver cuántos sapos me tengo que tragar hoy». El que está ahora en la Moncloa ni mastica.

Las edades de los fallecidos en el accidente de la Vasco dicen mucho sobre la crisis del carbón, que en este caso no tuvo culpa ninguna: entre treinta y seis y cuarenta y cinco añines, qué dolor, porque antes no entran y después se prejubilan. El PP se equivoca al creer que dejando caer las cuencas como pajarines sólo fastidia a votantes socialistas. No señor, el alcalde de Pola de Gordón, Francisco Castañón, es de los suyos y el de Rodiezmo, donde gracias a Dios este año no hubo ninguna fiesta minera, también. Mariano se pasa de listo.

A lo que íbamos, dada la edad de los que se llevó por delante el grisú va a ser inevitable volver a hablar del futuro de la minería. Antaño era la silicosis del polvillo y hoy es el polvo de las energías renovables, eólicas o solares, tan generosamente subvencionadas por Zapatero como en su día Felipe González subvencionó a lo grande, ele el andaluz, el primer cierre y reconversión minera en Hulleras de Sabero. De aquella nunca vendieron tantos coches los concesionarios, pero el dinero de los despidos y del paro se acabó con Cistierna de capa caída. La población terminó emigrando al andamio, ahora ni eso, y aquello es hoy un erial.

Cuando se gobierna estas cosas hay que explicarlas y avisarlas bien claro, Mariano. El futuro del carbón es muy negro y eso lo sabe hasta el tonto de mi pueblo, que no se pisa el haba. Lo imperdonable es que las cuencas no sepan a qué atenerse. Aunque el pozo Emilio, el del accidente mortal, era uno de los más modernos y casi seguros del país. En alguna parte he debido de leer que ni siquiera se utilizaban en él barreros dinamiteros para romper la roca, sino aire comprimido. Lo que pasa es que el grisú es traidor y, si explosiona, la hostia. En este caso ni siquiera hizo falta para provocar la desgracia y dicen los entendidos que burbujinas de metano las hay en todas las galerías, pero eso se arregla con una buena ventilación evitanto que el gas no sobrepase el uno coma no sé qué por ciento.

De cuando uno era más joven y la minería también recuerda un reportajillo en el que los mineros pintaban orgullosos a la puerta de casa el sacho y la pala. Ahí no se compraba nada plazos, sino todo a tocateja, y eso lo sabían muy bien los viajantes de frigoríficos y lavadoras. En algunos pueblos, como Fabero, los coches llevaban de pegatina «la ciudad del dólar» y en Tremor de Arriba, Igüeña, había hasta dos alcaldes: mi amigo Laudino García por los nacionales y un portugués que gobernaba la colonia de Tras os Montes, Angola, Mozambique y Cabo Verde. Era tal el trasiego de puestos de trabajo que algunos abuelos de Almagarinos, un poco más abajo, ironizaban con que tenían nietos «cabobercianos». Los alcaldes de ambas comunidades mineras conferenciaban gravemente sobre los problemas municipales, se complementaban como los cónsules de Roma y hasta el contrabando era cojonudo. Allí sólo se vendía whisky Chivas. Eso lo vi yo y punto.

Volvamos a Rajoy y al canario Soria en sus jaulas de oro. Lo que se espera de ellos es decir que en las cuencas va a haber supervivientes. Dan pena y luto los valles y bocaminas de Gordón, Laciana y el Bierzo donde fuera del carbón no crece nada. Es un monocultivo, según los economistas de ahora.

Básicamente hay dos formas de gobernar: como tenemos las soluciones inventemos los problemas, típico de Zapatero, y, si no hay solución, déjalo pudrir, de la era Mariano.

Cargando contenidos...

Ay, Santa Bárbara, cómo truena.